jueves, 28 de febrero de 2008


El sábado, ¡súbete al elefante y ven a bailar!
Uoo, uoo, ye ye
[A riesgo de cargarme la recién instituida hebdomeriedad, cuelgo ahora un texto por su relación con el aforementioned Guateque, y con el agradecimiento a Blake Edwards, a la cita del S.P., a los familiares reales o no del Burrot, i a todo el Colectivo.
Pero no se pierdan el texto 'O' del Burrot, más abajo, así como los últimos poemas erótico-gelatinescos de Rotura, la Copérnica, Sara Tusta, etc.]
Un cuento para una fiesta
de 55orratxes


Mis aspiraciones literarias sufren periódicamente vaivenes y zozobras, más motivadas por elementos externos que por mis propias aptitudes o inventiva. Actualmente vengo estando muy productivo—lo que me alegra, aunque eso signifique atesorar la secreta y mórbida ilusión de que la cantidad me acercará a la calidad—por el efecto que un nuevo grupo de amigos literatos, de grandes creadores y excelentes personas, ha tenido en mis ganas de escribir. Sergio Alevín, por ejemplo, además de ser un paciente opositor en el ajedrez y preparar el mejor Bloody Mary, ha escrito un conjunto de relatos, titulado Historias de Clonopios y Quillas, que, en un diálogo con los Cronopios y Famas de Cortázar, crea universos sorprendentes e inquietantes. Alberto Pioje, por su parte, es un gran conversador y bailarín de swing, así como un finísimo poeta, capaz de enhebrar versos ígneos de una elegancia cosmopolita (“Teresa: vamos a comenzar por el final,/una nueva carta hacia atràs/comenzada por el final.”).

Sin duda Carmen, mi esposa, lleva razón (aunque su recelo también se alimento de celos hacia las musas del grupo, Dora, o la inevitable Beatriz) y estas nuevas amistades, charlas en bares e incentivos creativos—los de imitar, ser escuchado y criticado con afecto—me perturban mucho, hasta niveles casi obsesivos. Sin embargo, quiero contarles algo para mostrar como, objetivamente, el mundo conspira contra mi estabilidad—también matrimonial—regenta mi camino y me oscila hacia mis nuevos amigos. En un puesto de libros de viejo encontré hace unos días una edición de Historias de Cronopios y Famas, la clásica de Edhasa, de lomos morados. Hace ya mucho que tengo mi ejemplar, y como suelo hacer con los libros así—como esa Rayuela firmada por Núria Espert en el 1978—miré la portadilla en busca de una firma, dedicatoria o curiosidad que me resolviera a comprar de nuevo el libro. Esta vez tan sólo encontré un nombre, sin firma ni garabato, y una fecha: “José Ángel Pioje, 11-XI-78”. Aunque no se trate de una celebridad, recordarán sin duda lo que les conté unas líneas más arriba: Pioje, apellido sin duda curioso y poco habitual, es también el nombre de mi correligionario Alberto, el ínclito poeta, por lo que rumie—desee—si este José Ángel acaso sería un padre o un hermano que yo desconociera. Ojeando el libro, descubrí algo que, si cabe, llamó más mi atención. Uno de los relatos del amigo Sergio Alevín, titulado “El timo de Lenin”, lleva como epígrafe unas líneas de Cortázar, pertenecientes al final del cuento “Simulacros” (página 31):

“y el colectivo 108 que pasaba cada tanto; nosotros ya nos habíamos ido a dormir y soñábamos con fiestas, elefantes y vestidos de seda.”

Siempre me inquietó ligeramente esa frase, ese colectivo irregular que pasa ‘cada tanto’, como una caprichosa sorpresa más que un servicio público. Y ese elefante en la fiesta, que una sinalefa mental me presentaba a veces vestido de seda. Ahora, acrecentado mi asombro por momentos, mis dedos buscaron y encontraron ese párrafo, pero destacadísimo sobre un subrayado firme. Aún más, alguien— ¿José Ángel?—había dibujado pequeños elefantes rosas, sutilmente diferentes, en cada una de las esquinas inferiores, por lo que al pasar velozmente las páginas uno podía ver, cinematográficamente, al pequeño elefante subir y bajar la trompa, guiñarle un ojo al lector y mirar el texto, o reír bajo una lluvia de confeti que caía desde su misma trompa sobre su lomo. Finalmente, mientras meditaba la cuestión y el precio, pasé hasta la última página, que debajo de la fecha y lugar de terminación de la impresión (el omnipresente Romanyà/Valls, 25 de mayo del 76) me deparaba lo siguiente:

"Tengo el inmenso placer de invitarlo al Guateque que tendrá lugar el próximo sábado 1 de marzo en el Ático Parnásico de Casanova 85.
Se ruega respeten el código de vestir, que será de etiqueta, vestido de noche largo, lentejuelas, boas; frac, pajarita o derivados: en todo caso exclusivo, elegante y/o extravagante al gusto.
Asimismo, traigan consigo esta invitación, y una tapa, ración o bandeja de canapés de su elaboración, o un cocktail, ponche o brebaje excepcional."


Sin fecha ni firma, pero la casualidad ha querido que este sábado siguiente también sea 1 de marzo. Yo, por lo que sea, he venido, y conmigo mi chaleco de seda violeta y mi corbata de elefantitos. ¿Encontraría a Alberto, acaso a José Ángel? ¿Tendrá mi bloodymary— destilado de todo lo que hay de Drácula en mí—que competir con un inigualable cocktail preparado por el maestro Alevín? Aunque seguramente mi esposa lleve razón y estoy delirando y no hago más que soñar con fiestas, elefantes y vestidos de seda.

Con razón...


Ahora por fin entendemos por qué Dracula In Me acabó en el banquillo de los acusados... Aunque hay quien afirma que su osadía bien merecería el premio de devolverlo al Parnaso, lo dejamos a la consideración de los miembros más activos del Colectivo.

Marta Polbín, en apoyo a la labor del GCCA.


Titulemos el relato: " O "





[A modo de epígrafe] No se debe citar para ennoblecerse con la cita, sino para ennoblecerla (…). El texto citado debe ser tan humilde que parezca agradecido de nuestra elección; y cuando ello sea posible sin incurrir en el equívoco, debe cobrar un nuevo matiz o nuevo alcance.

Alfonso Reyes, El cazador.


Escribamos la primera línea del texto. Se nos puede ocurrir algún comienzo sorprendente. Como no es seguro que suceda así, optemos por un inicio ya empezado, o lo que es lo mismo, in media res: nuestro personaje lleva media hora ya sentado en, pongamos, la terraza de un bar. Está en un lugar del que damos todo tipo de detalles y señas -el continente (el planeta podemos presuponerlo), el país, el nombre de la ciudad, la calle, la posición de la mesa dentro de la terraza
[1]- a una hora determinada del día que puede darse con una indicación que provenga de una segundera digital, pretenciosamente precisa o con una clase de acotación temporal vaga y sentimental como la luz del sol que se filtra a través de las sombrillas, o bien -si queremos darle algún eco histórico al cuento-, incluir unas campanadas de la iglesia.
Esculpamos una determinada postura del cuerpo de nuestro protagonista: las manos pueden estar una encima de otra, reposando sobre la pantorrilla de una de las piernas cruzadas o los dedos de la mano derecha tamborilear sobre la mesa u optar por que los brazos estén cruzados sobre el pecho. Tejamos un espacio con cuatro o cinco objetos para que nos podamos mover con soltura dentro de la escena. Al la derecha de nuestro protagonista, se halla una silla vacía de plástico modelo jardín-rústico. Destaquemos, al modo de un zoom cinematográfico, un solo objeto vinculado con quien espera. Fijémonos, por ejemplo, en una orquídea que reposa encima de la mesa o subrayemos unas lentes gruesas de carey negro con un cordón que cuelgan le cuelgan del cuello o señalemos un bolsillo abultado de su gabardina.
En el inicio del tercer párrafo aparece un personaje secundario. Un camarero lo aborda por detrás preguntándole si quiere alguna cosa más. El protagonista le pide otra. El chico vuelve presto con un vaso que puede contener un cubata o una camamila o una coca-cola. Podemos observar cómo el protagonista ingiere el líquido. Se lo puede fulminar en cinco segundos, soplarlo para intentar que se enfríe o bien saborear un trago notando cómo las burbujas hormiguean y cosquillean su boca. Acto seguido, consulta un reloj de esfera con una fecha grabada 7/8/01, o bien mira el teléfono móvil o se dedica a mirar una caravana de nubes que desplaza por el azul del cielo.
Después de hacerle pagar las consumiciones, ahora hay que levantarlo de la silla y hacerle andar. Y no sólo eso, sino que, lo más difícil, debemos darle un destino a esos pasos. A ver, pensemos. Puede levantarse de un salto atlético porque ve que alguien -una señorita- se está acercando y aprovecha para tapar con el abrigo la orquídea. O puede levantarse con dificultad para dar un paseo por la plaza y aprovechar el sol que acaba de salir de entre las nubes. O bien una llamada perdida a su teléfono móvil también puede levantarle. Aprovechemos este momento para transcribir algunos de los comentarios que se dice a sí mismo, que nadie conoce exceptuando, claro está, nosotros.

-Andiamo (con determinación).

-¡Vaamos! (doliéndose de un reuma perpetuo).

-Estaba por irme ya (irónico).

Dirige sus pasos hacia el centro de la plaza cogido de la mano de la señorita.

Dirige sus pasos hacia el centro de la plaza donde hay un quiosco.

Dirige sus pasos hacia la mesa de la terraza que está situada más lejos de donde estaba sentado.

Desoculta la orquídea que lleva debajo del abrigo y se la da a ella justo cuando pasan por delante de un cupido de piedra que escupe agua.

Se pone las gafas para distinguir el título de la revista que está buscando… ya lo tiene.

Mete la mano dentro de la gabardina del que saca un objeto que refulge con el sol.
Se funden los dos en un largo beso.

Paga la revista "Senda Senior" con una moneda de dos euros.

Apunta la pistola con silenciador a un tipo con gafas de sol que está sentado.

Los dos cogidos de la mano se pierden en una imagen que suele preceder la caída de los títulos de crédito en la pantalla.

Se sienta en el banco a leer y esperar no sabe a qué porque, soltero y jubilado, no tiene quien le espere en casa. Acaba la lectura de la revista.

En la última línea del relato, puede mascullar unas palabras y después dispararle directo al corazón mientras comienza la canción de The Godfather por los altavoces del bar.

B.C.


[1] Las notas a pie de página son un recurso que no tiene porqué desdeñarse para dar mayor verosimilitud al relato: siete de agosto del 2001, Plaza Mayor de Cabezo de la Plata, Murcia (España), en la esquina que se encuentran la avenida de los Jerónimos con la calle Doctor Fleming.

lunes, 25 de febrero de 2008

DECRETAZO (Revisado)

Vistas las últimas entradas de nuestro venerado colectivo y la continuada ausencia de sus más insignes partícipes, así como una reiterada rerrepetición de la temática y las colaboraciones, me veo obligado a dar la voz de alarma a nuestros compañeros. Está en boca de todos en la comunidad virtual universal: "El colectivo autobombo ha caído en desgracia". Sí amigos míos, es a este tipo de comentarios al que me tengo que enfrentar a diario cuando reviso los millares de correos que nos envíaban nuestros admiradores, y que ahora, valga la desgracia, han pasado de cientos a decenas y de decenas a nocenas. Por ello os conmino a todos a reflexionar sobre ello y sobre todo a hacer acopio de tiempo y genialidad para volver a satisfacer nuestros egos autobombastas con obras que merezcan la pena de alabar y no gritos en el desierto. Esto es una obra colectiva, queridos amiguitos. Por si alguien necesita guia espiritual puede consultar el manual tiempo ha editado por Mike Davies Eine Geschichte der Autobombe que debería servir a todos si no para hacer obras dignas sí al menos para crear un buen fin para todos.

Anunciadas las razones por las que me tomo el derecho prioritario a la dictadura que nos ofrece las bases de nuestra organización hago saber que:

1- La colaboración en la página autoblogística volverá a ser mínimamente y máximamente hebdomadaria, teniendo todos los camaradas que atenerse irresolublemente a esta resolución irrevocable.
2- El publicante será nombrado a través del conocido método de la "ruleta hebdomadaria", es decir, elegido a dedo por el último publicante, que deberá hacérselo saber a aquél de forma directa y clara, haciendo uso de cualquier recurso necesario.
3-Aquel señalado por la ruleta no podrá rehusar esta convocatoria sin la sinrazón debida.
4- La publicación diaria o extra-hebdomadaria estará permitida siempre y cuando no exceda de una colaboración semanal.
5-El publicante podrá y deberá ser convocado por otro miembro del colectivo no permitiéndose la demora ni la rémora en la recepción de los trabajos.
6- Se podrá y deberá convocar trabajos colectivos, estando el miembro autobombástico obligado indiscutiblemente a hacer el comentario deplorativo o laudatorio que crea oportuno, secundar o no, pero siempre dar noticia de su intención ante el proyecto comunitario, y nunca, repito nunca, bajo ningún concepto, dejarlo de lado como si no existiera.
7- El individuo autobombasta estará obligado a dar noticia sobre su participación en cualquiera de los congresos y a exponer las sinrazones de su ausencia.
8- Cualquier trabajo que no se atenga a estas directrices podrá ser borrado o manipulado por cualquier miembro del colectivo si así lo cree conveniente (como había sido posible hasta ahora aunque no se haya llevado a cabo) sin que el sujeto al que se dirige esta felonía pueda hacer nada al respecto.
9- Cualquier participante que no se quiera atener a esta línea de trabajo será expulsado del paraíso sin contemplarse su inclusión en el banquillo de los acusados.
10- Contra este decretazo se puede interponer via judicial y penal así como proceder a la expedición de recursos administrativos.
11- La administración no asegura la viabilidad de esto último.
12- Me cago en el estertor pelusillero del ombligo autobombasta.
13- Esto no es un dodecálogo.

Así las cosas esperamos y deseamos que todo vuelva a funcionar como antes y el colectivo vuelva a operar como un dispositivo grupal de acción dirigida y no digerida por los diferentes aparatos de control.

Amigos, camaradas y concibuliarios:

I BELIEVE


*Este documento como todos los demás es susceptible de ser modificado, cortado, pegado y desalmado (para ello sólo es necesaria una noción básica de word y un estilo patibulario)


Gabinete de Crísis del Colectivo Autobombo

jueves, 21 de febrero de 2008


pARTICIPANDO DEL ESPÍRITU DEL "dECRETAZO BERLINÉS", HE JUNTADO LAS DOS ÚLTIMAS ENTRADAS DE ROTURA (FRANJA REZA) EN UNA. A TRAVÉS DE LOS RESPECTIVOS LINKS PODÉIS LEERLAS (SE SIGUEN ENTENDIENDO, A VECES MUCHO MUCHO...), QUIEN NO LO HAYA HECHO AÚN. Y COMO EL AUTOBOMBO Y LA PUBLICIDAD NO ESTÁN TAN LEJOS, OS DEJO UN FRAGMENTO QUE SEGURAMENTE OS INCITARÁ A LEER MÁS.


"...Estàbamos enzarzados de cuatro piernas y cuatro brazos,
una locura ùnica de gemidos limpios ininterrumpidos
con el susurro discreto de un velo movièndose.
Tù como loca y agitada y yo perturbado y loco por cogerte.
(jadearte).
cuando me he querido dar cuenta
ya èramos sumisos al gimièndote y perturbàndonos,
volcando la cal de la pared contra nosotros,
chocando sobre ella..."


SE ACABARÌA LA CAL DE LAS PAREDES
DIAZEPAN PARA LAS ROSAS

LELI


miércoles, 20 de febrero de 2008

Pasapisos (2), por Mónica Copérnica

"Apoyo la cabeza y cierro los ojos. Estoy cansada. No tengo ganas de hablar y Pesco, un poco violento por el silencio entre los dos, se esfuerza por darme conversación. Todavía soy una mosca en su tela de araña. Sólo respondo con monosílabos. Al fin, Pesco calla. Vamos hacia Sitges, hora punta.

El anuncio decía ‘Poble Nou, a 10 minutos de la playa. Renovado, mejor que nuevo. Sólo 52M500 de las antiguas pesetas. De particular a particular. Agencias abstenerse. Luis 937223143’. Cuando llamé, resultó no ser tal particular, sino un amigo que le ayudaba a venderlo: Pesco. Otro señuelo más. El piso oscuro, oscuro y como remendado. Un remiendo la cocina, otro eso a lo que llaman pomposamente cuarto de baño… Cubículos de caja de muñecas con paredes de cartón piedra. Un garaje transformado en vivienda, aunque el dueño se molestara al oírmelo decir y me mostrara, ofendido, un papel arrugado que sacó del bolsillo de su pantalón y que era –según dijo, aunque yo no pude leerlo– la cédula de habitabilidad. Los que conceden las cédulas merecen la prisión, en celdas como las de esta casa sin luz, lóbrega, triste.

Siento lástima por Pesco, el simpático y guapo argentino obligado quizás a mentir. Pesco que me lleva ahora a ver el piso de Sitges, 'una ganga, de verdad, ya verás'. Y me enfado conmigo misma. ¿Qué hago yo yendo a Sitges? ¿Por qué me da pena, si en el fondo es uno más de ellos? Ingenua y tonta… Estoy furiosa por haber venido y por continuar ahora con esto. Le miro con los ojos entrecerrados y veo su cara de seguridad, sus manos ligeras sobre el volante como si todo le obedeciera, sus labios finos y apretados, un poco cínicos; sus gestos calculados. Tengo ganas de bajar del coche y largarme. Y de repente, el golpe. Mi cabeza contra el parabrisas y la sensación de estar en una centrifugadora. Y la oscuridad cerrada. A partir de ahí, un pozo negro; antes, un agujero sin fondo."

lunes, 18 de febrero de 2008

la fortaleza de los labios

Me pregunto si en algùn momento

se vendrà abajo la fortaleza de tus labios

(mis palabras te invitan a ello).

Vamos a comenzar por el final,

una nueva carta hacia atràs

comenzada por el final.

.

Comienzo cuando te dejo marchar escaleras arriba

tras haberle ofrecido a tu espalda mi espalda

(y esto tras haber custodiado el beso con nuestras mejillas).

Otra vez memorizàndote,

dàndole caza a tu curiosidad,

erosionando tu boca con mis palabras recogiendo su arenisca

para complementarme con la desnudez de tus argumentos.

(Sè que no seràs tan dura conmigo como para censurarme

con la seriedad que te pondrìa a la defensiva).

Y yo te pido amablemente

que me permitas acompañarte

con lo insòlito de nuestro vehìculo

en un trayecto de no màs de cinco minutos

de ida

de no màs de cinco minutos

de vuelta.

(En què instante pudimos sucumbir la alerta

para dar paso a nuestra historia verdadera).

.

sigue leyendo...

jueves, 14 de febrero de 2008

Pasapisos (1), por Mónica Copérnica

[Camaradas de la Orden del Bombín:
Lo que tenía que ocurrir ha ocurrido por fin. Yo ya me lo temía desde hace algún tiempo. El caso es que hay un "tapado" entre nosotros, alguien que conoce a nuestro Colectivo y quiere publicar bajo estricto anagrama y sin revelar su verdadera identidad. No sé por qué me ha elegido a mí, precisamente. Pero hoy he recibido un correo con un texto y un anagrama. Como el correo acababa con nuestro sacrosanto lema "I believe", he considerado mi deber publicarlo. A vosotros os toca decidir si he hecho lo correcto.
¡Salud y autobombo!]

"Detesto a los pasapisos por omnipresentes, porque siempre dan contigo, porque te sonsacan tu número de teléfono y te asedian, te acosan, te derriban; porque son los representantes de un mundo de ficción, puro espejismo, de una raza nueva de embusteros, sacasangres, chupavidas; porque intentan darte gato por liebre y te ofrecen castillos de arena, torres de viento, allá donde no hay sino mugre y desconchados, o como mucho “renovado a nuevo”, “para entrar a vivir”, plástico y. Los aborrezco profundamente porque son capaces de hacer crecer sin dar de comer, y de venderte terrazas de un metro; porque son como aves de rapiña vigilando con sus ojos acechantes, desorbitados, saltones de avaricia, a las posibles presas confiadas que admiran su valía y les están incluso agradecidos. Porque aparecen ante ti con sus verdes corbatas abominables, exasperantes, desmedidas, y sus pelos engominados, y buscan no sólo tu anuencia sino el agradecimiento de habértelo conseguido, porque eres el elegido, porque sin ellos –pobre de ti–, no llegarías nunca a poseer el palacio de tu vida que tantos otros anhelaban ardientemente, ávidamente, visceralmente; ¡cuerda decisión tu compromiso! 40% por anticipado, 30% para él y dulce legado, insufrible lastre, carga letal para tus herederos. Y porque con frecuencia, cuando ya han conseguido embaucarte astuta, descaradamente con sus retorcidas artimañas, se sacan de la manga la sorpresa: “¿Y tú de las afectaciones qué piensas?”, u otras burdas falacias de esta índole. Y te quedas con los ojos a cuadros, sin saber de dónde te ha venido, pero sin saber tampoco qué hacer ante su media sonrisa indecente. No se te ocurra decirles que no, que no te interesa. Porque entonces empieza de verdad tu insoportable, negro calvario: continuas llamadas a tu móvil, no sólo de él sino de toda una caterva de abultadas sanguijuelas de su misma calaña que florecen en tu ciudad detrás de cada esquina. Hasta que te decides a cambiar de teléfono o te suicidas."

miércoles, 13 de febrero de 2008

apaciblemente destruidos...franqueables...

A ti como tu pequeño apartamento
(tercero izquierda segunda escalera)
se te puede describir de un solo vistazo,
hasta donde se puede, claro,
porque dices no deber mostrarme
todas todos tus dudas tus pensamientos,
tu hilada de nervios
(me lo dices en unas cuantas ocasiones)
...
aunque a mì, lo sabes,
me seduce espiarte descaradamente
con tu consentimiento,

...continua...


(Rotura Decente)

viernes, 8 de febrero de 2008

El bombín boca arriba

(Tranches de vie en las que nuestra seña y símbolo pierde los papeles. Por favor, sigan el juego)

I.

Será porque ha llovido o tal vez porque estamos a final de mes, pero de ninguna manera puede deberse a que no me haya esforzado. De hecho, hoy toqué tres o cuatro veces mis grandes temas –que no son pocos- y modulé la voz con tanta precisión que de haberme separado de mi cuerpo, me hubiera puesto a aplaudir como un loco. Tampoco será por falta de gente: por la mañana me tocó el trasbordo de Paseo de Gracia, abarrotado de señores trajeados y de adolescentes con la marca de la almohada todavía incrustada al rojo vivo en las mejillas; y por la tarde, el vestíbulo de entrada de Rocafort, empapelado de amas de casa arrastrando a sus retoños como si fueran cestitos de la compra con las ruedas rotas. Sea por lo que sea, sin embargo, cuando a toda prisa he tenido que recoger mis cosas porque el malabarista colombiano se ha negado a disfrutar del final apoteósico de mi versión de “María”, el bombín seguía hambriento y desalmado. Cinco monedas, y de las de cobre, vestían pobremente su fondo, y lo hacían con tanta desidia que he tenido ganas de tirarlas directamente a las vías. Pero me he contenido. Las he guardado en el bolsillo, junto a un papel arrugado, emblema de mi humillación. Y ahora que me dispongo a ordenar mis decadentes beneficios y voy separando una a una las monedas, lo aplano sobre la mesa con el esmero de quien no tiene cómo ocupar su tiempo. Y leo: “Llámame. Te espero. 666 05 05. Maira”.
Mañana espero tener más suerte.

II.

La gente no sabe beber, no me cansaré de repetírselo a mis hijos. Sin ir más lejos, ayer, en la boda de María, un señor entrado en años y embutido en un smoking de impresión, terminó sacándose el bombín y vomitando en su interior toda una botella de tequila. Qué poca consideración para con los novios. Qué inmundicia. Qué vida tirada al traste.

E. Q

III.

"Entender la diferencia se convirtió por aquellos años en una frase repetida que, pese a perder su sentido en algunas ocasiones, gastada, se incrustó en la psique de casi todos, que reaccionábamos como si se tratara de un abracadabra moral, un supercalifragilísticoexpialidoso de ética urbana.
La progresión conceptual fue, como es natural, y metodológicamente apropiado, conocer-tolerar-entender. De la ignorancia sobre los otros y distintos, y tras digerir la primera sorpresa, indignación o exótico entusiasmo, se nos convino a tolerar a todo el mundo, a adoptar una circunspecta distancia desde la cual contener la reacción visceral de defensa o rechazo, o de ferviente adhesión. Entender es más complejo porque no admite el fingimiento, posible siempre con un austero respeto al prójimo o con la ostentación de saberes. Con lo que le cuesta a cualquiera comprender sus propias razones, entender las ajenas se empareja a la utopía más bienintencionada. Por no hablar del apasionamiento que salvaguarda y atalaya nuestros propios convencimientos tras la ardua batalla librada por su conquista.

Sin embargo, henos aquí, sabios, tolerantes y comprensivos, y enfrentados cada día con nuevos retos para nuestra noción del mundo y lanzados contra las cuerdas del desprecio a cada comentario sospechoso de eurocéntrico, patriarcal, esencialista, incluso de irónico; caminamos erguidos y seguros con un bombín amable y lustroso en la cabeza, que a la vez nos protege y nos atonta.

Por mi parte, víctima como todos de tal acoso panóptico, he sufrido el agravante de tener que vivir a expensas de mi extremada sensibilidad, lo que me ha hecho transitar por la citada tríada conceptual (conocer-tolerar-entender) muchas más veces que la mayoría de gente que comparte mi ciudad, mi supermercado, mis lecturas. Esta mayoría, equipada del tridente mágico facilitado por la intelligentsia posmoderna y subvencionada, se contenta, satisfecha, en tener controlados a un reducido número de grupos u otredades raciales, sexuales, políticas o religiosas. Mi tragedia es que en mi vida me presenta, indefectiblemente, con los grupos dentro de los grupos, los subgrupos más remotos e indefinibles, los individuos más aberrantes, más absurdos, más ilógicos o simplemente más feos. Habría que ver como el ciudadano de a pie, incluso el gestor cultural o el curador más periférico y concienciado, reaccionarían ante el contacto con muchos de los individuos con los que me ha tocado lidiar en demasiadas ocasiones. ¿Quién sabría, en primer lugar, a que lugar ir para ver a un joven de unos treinta años, sentado con parsimonia en el fondo de en una bañera donde los asistentes a la fiesta orinan incansablemente? ¿Quién toleraría trabajar con el disminuido que canta voz en pecho las canciones de Mónica Naranjo? Y quién podría darme alguna pista para entender los motivos que llevaron a Maira Tepre (con quién perdí todo contacto hace años—no, este artículo no es una botella con mensaje) a abandonar trabajo, familia y amigos por una pasión arrolladora por los combates de boxeo?

Recuerdo ahora cierta conferencia en la que …"

en “ABCD las artes y las letras”, 7 de mayo del 2007

Leli Vorratxes pasa la pelota...

IV

Recuerdo ahora cierta conferencia
en la que los oyentes eran todos comensales.
Voraces deglutìan las palabras,
tanto que estas no llegaban a sus oìdos.
La sombrererìa general presentaba bocados
asemejàndose a percheros sin cabeza.
El bombìn orador no cesaba en su redondeo,
y los bocados no fenecìan en el sopor usual
tras una voràgine canibal.
.
Como un hormiguero de dientes
tragàndose su propia ornacina bucal.
El orador intentaba lanzarles la palabra traidores,
porque por todos es sabido
que cuando es un traidor a quien se tiene delante
es màs sencillo acabar con èl.
.
Impecables mordiscos acababan con la palabra...
.
Recuerdo ahora la conferencia
como un murmullo inteligible como un murmullo,
mientras froto las encìas sonrosadas de mi barbilla sin un solo diente,
auspiciado por su sonido de limpiacristales...

Rotura

y ahora...

V

jueves, 7 de febrero de 2008

Memoria colectiva

¡Ya están colgados casi todas las ponencias del Congreso de Patagénesis!




lunes, 4 de febrero de 2008

P&P

He aquí una antigua colaboración de la dupla Pioje & Polbín, que gracias a la labor arqueológica del Colectivo Autobombo ha vuelto a salir a la luz. Consta de un texto titulado "?" y firmado por Marta, y de un vídeo titulado "Lo que había en el sobre", perpetrado por el Sargento. Para leer el texto (imprescindible hacerlo antes de ver el vídeo) pulsad aquí. Para ver el vídeo después, bajad la vista.

"Lo que había en el sobre"

(Visualizar después de haber leído el texto de la entrada superior.)


video

domingo, 3 de febrero de 2008

...si alguien se pregunta ¿por què huele a tila y menta?...

La pregunta formula sudada de pregunta y brevedad.
.
Me solicita cuando estoy precario
cuando estoy màs alto de lo debido,
incisiva con el convencimiento
de un argumento asistente.
Como un acontecimiento ìntimo
coincide conmigo
me contempla
me sabe
...
Cuàndo uno va a suceder al otro,
cercanos
inminentes
asombrados,
nuestro nacimiento y ocaso.
.
Necesito saber
para que ella(la pregunta)
pueda tomar su nombre,
y yo
la llave existencia de su pecho.
.
Tomo la liga estrecha de sus muslos,
dos interrogantes la pregunta.
.
Huele a tila y menta
a inquietud despuès.
a tila y menta.
a inquietud despuès.
.

...¡léelo todo!

viernes, 1 de febrero de 2008

Un precusor más del autoBombismo: Don Davel y sus juegos con sombreros. ¡Un saludo y mucha energía para tu aventura nipona!

¡Salud y Autobombo!

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