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El anagrama de Marta Polbín sigue haciendo de las suyas... Aquí van sus dos últimos rinconetes:
Inventos españoles (3): el chupa-chup
Inventos españoles (4): la greguería
Pregunta: ¿es el autobombismo un invento español?
Porque tú lo vales
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Inventos españoles (3): el chupa-chup
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Pregunta: ¿es el autobombismo un invento español?
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Seguimos con onomásticas: en esta ocasión recordamos la tradición de construir tótems de buen augurio futbolístico de nuestro querido Pere, y en su homenaje bombineamos uno. Per molts anys!
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...balada del lloròn
cercenar con sal despuès
de las mejillas àcidas...
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Hace hoy algunos años, nuestra quèrìdà
Decente apareciò en este mundo y desde entonces, siempre hay un motivo para celebrar a Franja
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El ancla estaba pesándole mucho. La arrastraba desde la cadena con la ayuda de los dos brazos y andaba con el cuerpo inclinado hacia delante como debió hacerlo Sísifo para mover su condena.
Diez pasos más y descanso, se decía. Sólo en dar el siguiente le parecía estar dejando años de su vida. Un poco más, la cadena enrollada al cuerpo, la herrumbre tiñendo su piel de óxido. Un poco más, pero los pies que se hundían en aquel desierto. La arena subía por los tobillos hasta que daba el paso siguiente, no dejaba de hundirse y tenía la sensación de que si se detenía la arena le tragaría por completo. Sólo nueve pasos más y descanso. La monotonía de un mismo esfuerzo y unas mismas palabras de aliento y una única e ingraduable sensación de agotamiento, y otro paso. Sólo ocho pasos más y descanso, y ahora el mar en su tobillo y un escalofrío que casi le convencía de poder seguir adelante. Siete pasos y ahora los pies ya no le queman aunque duelan indeciblemente las llagas. Otro paso y descanso. Cinco pasos y el ancla entra en el agua después de arar un camino larguísimo en la arena. Cuatro pasos, con el agua en la cintura, el ancla, que ahora pesa menos y casi se deja arrastrar. Tres pasos, pero el ancla tira de su cuerpo y casi no puede sacar la cabeza para respirar. Demasiado esfuerzo. Todo su cuerpo moviéndose en espasmo: y eso es otro paso. Un paso. El último esfuerzo, después la desesperación sólo le permitirá dar bocanadas en el agua, abrir la boca como un pez en el aire.
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Etiquetes de comentaris: Il Zar Averno
Salgo de la guarida porque sè que va a desplomarse sobre mì, quedarse dentro mientras se desploma serìa de idiotas y ya habrà despuès tiempo para rescates, por menos una mierda cualquiera, salgo de la guarida con el paladar polvoriento, los labios polvorientos, tengo sed pero la humedad se me queda lejos del paladar, de los labios, el polvo se desprende de la devacle asciende como cenizas en una pira incendiaria, los copos màs gruesos ascienden para luego decaer y asì hasta que el polvo màs fino asciende por encima y luego màs arriba donde todo es vuelo, abajo la destrucciòn, yo la destrucciòn, tras de mì la destrucciòn, por delante hierba que pisar, arriba el vuelo, es inevitable que ese polvo fino sea no sòlo parte del cielo sino el cielo en si mismo, el cielo la destrucciòn, no sòlo parte de la destrucciòn sino la destrucciòn en si misma.
Las pistas de la destrucciòn son la propia destrucciòn, què sucede, quièn destruye y por què lo hace, destruir por destruir, el orden de la destrucciòn no se puede saber, lo ùnico que se puede atestiguar es que ocurriò en algùn momento del dìa, un dìa como si el dìa entero fuera una madrugada porque no se espera, la destrucciòn no se espera, la destrucciòn una madrugada, se intuye y esto es asì en las madrugadas, en las madrugadas la intimidad, los sentimientos personales, el dolor...y cuando se aproxima la destrucciòn èsta no respeta el dolor, cuando lo que hay en juego es la destrucciòn no puedes respetar el dolor, o lo privado ni lo pùblico o los sentimientos indestructibles, llega la destrucciòn y te haces a un lado y dejas paso al daño y a las preguntas, y el orden no està claro, el orden no se puede decir, y todo madruga, todo es demasiado pronto, todo es repentino, el dìa entero una madrugada, todo que un antes tanto tiempo habìa tardado en llegar se hace ahora madrugada, la destrucciòn pronuncia mi nombre y yo pronuncio el suyo, sin orden, no se puede decir, la destrucciòn le pone voz a mi nombre y yo he tenido que salir de mi hogar, y yo la destrucciòn, tras de mì la destrucciòn...Parece algo general pero la destrucciòn se decapita sobre mì, en mi nombre, en un dìa concreto y hace que el dìa entero sea una madrugada...Dònde comienza y dònde termina la madrugada, el dìa entero, todo tanto tiempo y todo tan repentino, y cuàndo regresar y si no volvemos nunca y si se rompe todo tanto que se hace imposible reemplazar un estado por otro, imposible volver, es imposible volver...El caràcter de la destrucciòn y lo destruido y siempre una acciòn despuès y mientras sea asì el puente me pertenece, un estado y otro, lo imposible me pertenece, soy lo imposible, el puente me pertenece, me hago a un lado y la cuneta me pertenece, la acciòn, el destruyendo, me pertenece, la infancia, la inocencia, el puente, un estado, otro...La madrugada, el fin del mundo, las noticias, el polvo ascendiendo, el cielo, la destrucciòn...Despuès el rescate no añadirà màs que un consuelo, un rumor de gas, el incidente del que he hablado se oscurece, muere con la boca entreabierta, me convierto en la alianza de la destrucciòn, la destrucciòn, la lluvia, el sol, la hierba, la victoria del polvo en el cielo hacen que haya parecido un accidente...Mis manos me parecen las màs queridas de mi vida cuando justo antes, con lo imposible hacièndose real, mis manos eran destructores huyendo de la destrucciòn, yo que rechazaba la destrucciòn por sentirla alienante y es la destrucciòn mi querida destrucciòn, miro un trozo del infierno en mi mano, envuelvo como un regalo el infierno con mi mano y lanzo mis dos queridas manos contra mi abdomen cerrado, detràs el estòmago es una serpiente a la que han separado la cabeza, una infatigable sed de noticia accede a mì...Me hago cargo de la satisfacciòn, me hago cargo de la satisfacciòn del que ha salvado el pellejo, la satisfacciòn de haberme destruido, de haber sido la destrucciòn y tambièn de haber despegado parte de mì de esa destrucciòn, me hago cargo solamente ahora porque si no no lo habrìa contado.
(Rotura)
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Etiquetes de comentaris: La Zozobra Non Liga ni falta que le hace por despecho
Mi (Leli, para servirles) último descubrimiento literario (el penúltimo, Henry James, tampoco tiene despercio: recomiendo encarecidamente que devoren la inquitante perversidad de Otra Vuelta de Tuerca) es Clarice Lispector. Tras ese nombre extraño que ya de por sí llevaba tiempo seduciéndome desde los estantes de las librerias, se esconde una gran narradora. Quizá no de las que le gustan a Mendoza, sinó de las que exploran los recovecos de la experiencia en una prosa que nunca le da alcance: esa lucha, ese afán, ese búsqueda siempre insatisfecha.
Les dejo con una carta que escribió a su hermana desde Berna (casada con un diplomático, Lispector vivió en muchos lugares distintos, para volver a Río de Janeiro al separarse y no volverse a ir ya más) el 2 de enero de 1948.
Querida:
No pienses que uno tiene tanta fuerza como para llevar cualquier tipo de vida y continuar siendo el mismo. Hasta corregir los propios defectos puede llegar a ser peligroso: nunca se sabe cual es el defecto que sustenta nuestro edificio entero. Ni sé cómo explicarte mi alma. Lo que quería decirte es que las personas son muy valiosas y que solamente hasta cierto punto podemos desistir de nosotros mismos y darnos a los otros y a las circunstancias. Cuando uno ha perdido el respeto por sí mismo y por sus propias necesidades, después de eso se siente, un poco, como un trapo.
Me gustaría tanto, tanto, estar contigo y conversar, y contar mis experiencias y las de otros. Verías que hay ciertos momentos en los que el primer deber que hay que cumplir es en relación con uno mismo. No te quería contar como me encuentro ahora, porque lo considero inútil. Pretendía solo contarte cual es mi nuevo carácter, o mi falta de carácter, un mes antes de irnos a Brasil, para que estés prevenida. Pero tengo tanta esperanza de que en el barco o en el avión que nos lleve de vuelta me transforme instantáneamente en la persona que era antes, que tal vez no sea necesario contarlo. Querida, casi cuatro años me han transformado mucho. Desde el momento en que me resigné, perdí toda la vivacidad y todo el interés por las cosas. ¿Has visto como un toro castrado se transforma en buey? Así me quedé... pese a la dura comparación. Para adaptarme a lo que era inadaptable, para vencer mi repulsión y mis sueños, tuve que cortar mis cadenas: corté en mí la capacidad de hacer daño a los otros y a mí misma. Y con eso corté también mi fuerza. Espero que no me veas nunca resignada
de esta manera, porque es casi repugnante. Espero que, en el barco que nos lleve de vuelta, solo la idea de verte y de retomar un poco mi vida -que no era maravillosa pero sí era una vida- me transforme enteramente. Una amiga, un día de estos, se armó de valor, como ella misma dijo, y me preguntó: "¿Tú eras muy diferente, verdad?". Dijo que me consideraba ardiente y vibrante, y cuando me vio después se dijo: o esta excesiva calma es una pose o ha cambiado tanto que se ha vuelto casi irreconocible. Otra persona me dijo que me movía con una laxitud propia de una mujer de cincuenta años. Todo esto tú no lo vas a ver ni a sentir, si Dios quiere. Entonces no habríaa necesidad de habértelo dicho. Pero no pude evitar mostrarte lo que puede sucederle a quien hace un pacto con todos y olvida que el nudo vital de una persona debe ser respetado. Escucha: respeta lo que es negativo en ti, respeta sobre todo lo que imaginas que es negativo en ti, por el amor de Dios, no quieras hacer de ti una persona perfecta, no copies a una persona ideal, cópiate a ti misma, esa es la unica forma de vivir.
Juro por Dios que si hubiese cielo, una persona que se sacrificó por cobardía será castigada e irá a un infierno cualquiera. Si es que una vida tibia no es castigada por esa misma tibieza. Toma lo que te pertenece, y lo que te pertenece es todo aquello que exige tu propia vida. Parece una moral amoral. Pero lo que es verdaderamente
inmoral es haber desistido de una misma. Pido a Dios que creas en mí. Verdaderamente me gustaría que me vieses y asistieses a mi vida sin que yo lo supiera. Esto sería toda una lección para ti. Ver lo que puede suceder cuando se pacta con la comodidad del alma.
Tuya, Clarice
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Cuando la palabra se convierta en cuerpo
y el cuerpo abra la boca
y diga la palabra que en ella se haya
creado,
abrazar'e ese cuerpo
y lo acostar'e a mi lado.
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Con unas semanas de retraso, compartimos aquí el tablero de TOC de NY, creado por las artes de S.M.R. la Enana sic.
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Pierdo la perspectiva conforme van pasando los dìas, ¿què me està sucediendo, de què estoy hecho? la destrucciòn me arranca por los tobillos, me coje por debajo de las axilas:
-Vosotros que me alejasteis de mi refugio me habèis dado razones para la firmeza.
¿Què me està sucediendo?¿de què estoy hecho?. El asunto es quièn tiene el objeto de la destrucciòn y para què lo quiere, el convencimiento y la autèntica cuestiòn de fe, ¿què me està sucediendo y de què estoy hecho?, son las crisis del silencio las que me preocupan, la tragedia sòlo es describible con cuerpos con los lugares de los sucesos, los cuerpos, siento el deseo de la carga y soporto el gesto de la incòmoda destrucciòn...la deuda de un pasado descompuesto mata a cuchillo en estos momentos de confesiòn y mendigo la suerte de ser conquistado por un cuerpo que me conmueva, la tragedia y el cuerpo de la conmociòn, un cuerpo que haga que el techo se caiga y me haga no querer mirar a lo lejos, una lejanìa atemporal...vuelvo a los cuerpos, vuelvo a una certidumbre sentimental increible porque depende tan sòlo de uno mismo y por eso increible por eso difìcil de creer...pienso en serenarme y tranquilizarme lo antes posible, serenarme y tranquilizarme en virtud de algo superior e incontrolable...Ojalà estalle una paz duradera caida del cielo como en Hiroshima, Nagashaki o en Bophal, una paz duradera algo superior e incontrolable...Yo no sè què se siente con eso, cuando estalla una paz, una paz duradera, una paz de alimentos envenenados, una paz silenciosa, ojalà estalle una paz...Quièn querrìa vivir nada màs con una paz asì...Pierdo la perspectiva conforme van pasando los dìas, ¿què me està sucediendo, de què estoy hecho?. ¿De què estoy hecho?.
Una paz duradera una paz silenciosa, ¿què me està sucediendo, de què estoy hecho?, la muerte viene a ocultar su parte en mi lugar, el lugar de los sucesos, el cuerpo, no hay amigos en este asunto de cuerpos, el silencio me rodea tan maternalmente que le creo, le creo, ¿de què estoy hecho?, el pròlogo llegarà a destrozarnos pero nada comparado con este asunto de cuerpos, porque el cuerpo a solas te ama, el pròlogo llegarà a destrozarnos pero nada comparado con este asunto de cuerpos, el cuerpo a solas te ama ¿de què estoy hecho?...La gracia se me cae con la baba, mi apatìa crece con la papada de un sapo con el miedo y la posibilidad de los amantes improbables, ojalà el destino fuera implacable con los imbèciles y los estùpidos, rencor rencor rencor, por què tengo tiempo para el rencor en un momento asì, ¿de què estoy hecho?
-Vosotros que me alejasteis de mi refugio me habèis dado razones para la firmeza.
Pierdo la perspectiva conforme van pasando los dìas, mi apatìa crece con la papada de un sapo, la gracia se me cae con la baba, hay espacio para el rencor...lo màs parecido a la felicidad, lo màs parecido a la felicidad...lo màs parecido a la felicidad debe ser la ausencia, una ausencia sin pronosticar, una ausencia sin determinar, ser ausencia, lo màs parecido a la felicidad es la ausencia, no hay nada màs hermoso que una ausencia pura, feroz, injusta, desmedida, suspensa de toda moral, misterio de la santìsima ausencia, una ausencia fundamental, definitiva, total...
Màs pregunta junto a las primeras preguntas:
¿a què distancia debo mantenerme de sentirme solo?
...
Y claro, me traiciono, me pongo a recordar, tras cada recuerdo hay asesinato, y tras cada “pudo haber sido” hay un niño precoz, asesinos y niños precoces, ausencias, distancia y soledad, la traiciòn de que disponemos no es voluntaria pero tampoco es involuntaria, el deseo por encima de todas las cosas y el querer como una soluciòn final...El sapo, la baba, el rencor, hacerme buscar lo que sea, la perspectiva, ¿de què estoy hecho?...Y viene a mì todo el amor perdido y me consume una especie de obscenidad violenta, pienso por ejemplo en C. y sus pequeñas manos hacièndome dos años atràs y son el ayer trabajando ahora con cuchillada lenta, mis prioridades se mezclan, me siento estùpido e imbècil mezclando mi àrida apatìa con el amor perdido, estùpido e imbècil, no hay atropello pero no veo el momento para amar mejor, en todas las cosas amar mejor, mis prioridades se mezclan, aparece C. y sus pequeñas manos hacièndome dos años atràs y son el ayer trabajando ahora con cuchillada lenta...Ausencia, una ausencia pura que se repetirà mientras el olvido y el recuerdo designan sus posiciones formuladas en virtud de esa ausencia, entonces en esos recuerdos creo en la mentira y en còmo no salì de ella jamàs mientras recuerdo, las palabras, las miradas, el tono, la brevedad adecuada, los alardes sinceros, mentiras preciosas sobre seres expuestos, porque no habrìan sucedido si esos seres no se hubieran expuesto, no hubo fin pero estuvieron justificados los medios...
-Estuvimos tan convincentes...
Se impuso lo humano sobre la inteligencia, mentiras preciosas sobre seres expuestos, despuès inconsolables en el sentido màs estricto de la derrota, como si no hubiera tenido lugar, como ahora, el olvido y el recuerdo conjugados moviendo sus manos a toda velocidad sobre la arena de la playa del desembarco...Pero sabemos que entonces existimos, mentiras preciosas sobre seres expuestos y nadie habrìa de enseñarnos mejor la ausencia de como ellos lo hubieron hecho...
Màs fuerte que yo, pongo empeño para que cada cosa sea màs fuerte que yo, el sino y la vestimenta de la fatalidad, y no ha habido momento en el que me haya sentido màs orgulloso, todos contra mì y yo perdiendo, dèbil con màs de una cabeza de ventaja.
.
¿De què estoy hecho? Ruina, ruina, ruina, en pie para poder caer.
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¡ Ya tenemos contador de visitantes! Es por darle autobombo.
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Etiquetes de comentaris: zoz obra
El sonido de su respiración dentro del casco se interrumpió al oir la conexión del Control: “Todo en orden. Proceda”. Su mano enguantada abrió lentamente el doble resorte de seguridad y salió al vacío exterior. Empujándose levemente, empezó a flotar cerca del módulo, al que permanecía conectado, umbilicalmente, a través del conducto que le proporcionaba oxígeno. Se dirigió lentamente al lado inferior, donde debía observar el correcto funcionamiento de algunos mecanismos. Echó una mirada rápida a su derecha, hacia la Tierra. Le pareció ver un objeto extraño, acaso metálico a juzgar por algunos destellos que emitía al reflectar los rayos solares. El errar del objeto lo hizo pasar a escasos diez metros del módulo. Entonces vio que se trataba de una bicicleta de paseo de color verde, con una cesta metálica al frente. “Qué carajo hace una bici aquí”, se dijo. “Aquí Control: repita”, oyó a continuación.
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Once upon a fois, il n´havia un Uomo apelado Nasus Probóscidipoulos. Il hatte such a grosse Nose que quand lui se sonaba els mucos semblava dass la War explodierte. Once se sonó so fort dass la War on a declarat in tout De stat. Si anume, dass los del Statul vecin von Condonobia la War declarat. Aber sie is tres repetitiv. Oder once fois on facut so forte dass vecinii von Condonobia la War declarierten, simpelthen. Faktisk, Nasus somewho nu a fost rege ni haveba pas de terres, le sols terre que haveba waren dass il suo Nose abastava. Faktisk, autó a fost assez für bona perusia occuperen, aber nient'altro. Portanto wenn Condobinia troops, ne, Condobino, hospedeiro nu, Condonobia, arribaranno, on surpris bem und nu conoscieba how to reageren. Nu conoscieba how to reageren. On hören inamic tabancalari so neurikós on bekammt dass alergos provozieren, la alergos dass fobos energopoieseren. This impazzito stranut ihm geben. Inamic troops on hören tabancalarii trompi desfasaria inorridito fugierten . -¿Oder volete una War für langert convertieren ? –Com iubesq.
-¿Doncs inorridito fugierten, oder quoi? Ola kalá, il, ¿il n'havia un rege? Bueno, autoú payse Regierung, ¿Condonobia? Payse Fürhung vecin paysen adressen help fragen . Aixi doncs dwa paysus troops Nasus Preboscidepoulos Preboscidipoulos besuchen. Aber Proboscides encore din nou alergos provozieren und stranuten hat, soroller than inamic tabancalari. Und encore din nou inamic inorridito fugierten. Dwa paysis Regierung amb toutis areas paysis Regierung in order to décider Was amb Nasus Preboscidipoulos faire. Is tres important dass name moltes cops repetaren. ¿Was Regierung Montage déciderten? On décidiert das Nasus Puvius Nasus Cortonius pays blockieren, und dass alerta world invasion serait . Dass ni Io tres bien intelegere, aber let it be. Wann Nasus Preboscidipoulos helikopter rumor und bombardieren hört dunkent nu dwaise und il inorridito fugierten. Il diasporet'ill confine la frontera, wo customers agentsa ihm stoppierten. Aber Nasus Preboscidipoulos encore di nou neurikós bekammt und encore din nou stranuten hat. Customers agentsa du confine la frontera inorridito fugierten, come touts las personas till Nasus Preboscidipoulos Congreso arribierten inorridito fugierten. ¿Und was in el Congreso sucesso ? ¿Und was in el Congreso sucesso? This is toutis notos istoria.
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Colectivo Autobombo se complace en presentar el primer texto escrito en directo, con pantalla compartida y corrección automática a distancia entre Berlín y Barcelona. By Léolo de Gris (con comentarios y presencia inspiradora de la Zozobra).
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Coges un espejo y lo pones encima de la mesa. Es un espejo redondo, de pequeñas dimensiones, apropiado para un maquillaje minucioso, con un marco metálico y dos caras, una de las cuales amplifica el tamaño de los objetos y la otra los refleja a escala natural. Un pie metálico con dos brazos laterales mantiene el espejo como suspendido en el aire y le permite un movimiento de rotación que hace posible pasar de una cara a la otra con un simple gesto. El sistema es parecido al de las bolas del mundo, pero con el eje cambiado y la masa terrestre escuálida, como los globos terráqueos de un universo bidimensional. Ya ni recuerdas cuál de tus antiguas amantes debió de olvidarlo en casa antes de salir para no volver jamás. Mientras lo pones sobre la mesa observas que está cubierto de polvo, casi exangüe en su ostracismo, pues un espejo que no refleja a nadie es como un libro que nadie lee: no existe. Y tú no eres precisamente de los que se miran en el primer espejo que encuentran. Tal vez por eso esta tarde, cuando volvías de la oficina, no has sabido reconocer tu cara al verla reflejada en el escaparate de una tienda de juguetes. Y has llegado a casa preocupado y has cogido el espejo y lo has colocado encima de la mesa. Y has empezado a observarte con detenimiento, por la parte del espejo que reproduce el mundo sin distorsión aparente. El espejo es ahora un inmenso ojo escrutador, fiscal polifemo de ti mismo, aleph reflejo de todas tus máscaras. En realidad es una suerte que esté cubierto de polvo, pues produce así un efecto brumoso que distorsiona tu imagen, lo cual es un alivio cuando uno llega cansado a casa y hace tiempo que no se mira al espejo. La distorsión impone además la distancia necesaria para que puedas observarte sin tener que apartar la mirada, para que puedas enfrentarte a tu propia imagen sin sentirte insoportablemente increpado. Entre la polvorienta neblina te percatas de que la imagen de ti mismo poco o nada tiene ya que ver con la imagen de la imagen que te has hecho de ti mismo. Te cuesta reconocer en esa mirada lánguida la chispa de aquél que un día peregrinó a París. Intentas sonreír y te cuesta reconocer en esa sonrisa opaca el prístino fulgor de un gin-tonic en Jamboree. Te cuesta reconocer en ese ceño fruncido la frente despejada de aquel atardecer en Nayarit. Te cuesta reconocerte, en fin. Cierras los ojos, inclinas ligeramente la cabeza y te aprietas suavemente los lacrimales con la ayuda de los dedos índice y pulgar. En esa posición, concentrado en tu penumbra interior, intentas cotejar la imagen que el espejo te devuelve con la imagen que devuelve el espejo de tu memoria. Ves un balancín de flores rojas y marrones. Ves un barquito de corcho en el estanque de un parque en primavera. Ves un perro que te lame la mano. Ves una máquina de escribir con una hoja en blanco en la que sólo está escrito el extraño título de un relato: “Trágica agonía de una cerveza”. Ves una orgía en la que nunca has estado, y una partida de ajedrez que no has jugado. Ves una carrera de obstáculos. Ves un papel chamuscado. Ves una tienda de campaña bajo la lluvia y una guerra de mazorcas de maíz. Notas el roce de unos pies bajo la mesa. Ves versos escritos en una servilleta. Ves una cita de Wilde grabada en un pupitre. Oyes gemidos. Notas en la cara el viento frío de una mañana de febrero en Menorca. Ves una iglesia abandonada. Ves una caravana forrada con fotos de revistas pornográficas. Ves furtivamente el rostro de un indio de una película que no te han dejado ver. Ves una habitación de hotel, doble y en penumbra. Oyes una puerta que se abre chirriando. Sientes la ebriedad de una noche de San Juan. Ves un accidente de tráfico. Abres los ojos.
El espejo sigue ahí. Siguen ahí tus ojos lánguidos y tu sonrisa opaca. Sigue ahí el reflejo polifemo. Pasas el dedo índice por la superficie polvorienta del espejo, en diagonal, de arriba a abajo, de derecha a izquierda. Una reluciente cicatriz parece ahora rasgar tu rostro, la cicatriz que deja el rastro de un caracol en su camino. Vuelves a pasar el dedo, pero esta vez dibujando la diagonal contraria. Una gran X domina ahora el espejo. En la intersección que forman sus aspas, aparece nítidamente tu entrecejo fruncido. Parece el punto de mira de un incierto futuro de cañón recortado. Súbitamente suena el teléfono. Lo dejas sonar una, dos, tres, cuatro veces; a mitad de la quinta, enmudece. Con el flanco de la mano, compulsivamente, quitas el polvo que queda sobre la superficie del espejo y la limpidez con que ahora aparece tu rostro te resulta intolerable. De un manotazo haces girar el espejo, que parece ovillarse sobre sí mismo, perdiendo poco a poco velocidad. Le vuelves a dar impulso, como si fuese una ruleta. Una y otra vez. Finalmente, dejas que se detenga. Y el rostro desenfocado que el espejo te devuelve resulta ahora monstruoso, convexo, deformado, turbulento. Apagas la luz, y te preguntas qué demonios hacías tú esta tarde al volver de la oficina mirando el escaparate de una tienda de juguetes.
Marta Polbín
(espero me perdonen el reciclaje)
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No vemos. La entrada ha sido cerrada abruptamente con una doble estructura infalible, compuesta por una pared blanca de dientes afilados y una membrana carnosa y suave, pero que no permite entrar ni un destello de luz. El lugar es asquerosamente húmedo, y apesta. Nos han traído aquí empujados por un tridente plateado, clavados a él como un Jesucristo. No podemos salir. Una angustia terrible se apodera de nosotros. Presentimos que va a llegar el final. Nos acordamos del sol, el aire fresco, de la tierra olorosa, del huerto de Juana Terroba, de la dependienta rubia del colmado que aquella tarde había maquillado sus ojos como una egipcia. Ya nada existe, ya nada importa. De repente, un cataclismo hecatómbico estalla en esta terrible cavidad. Nos obligan a movernos, de un lado a otro, nos hacen chocar contra las paredes, nos torturan, nos trituran, nos machacan. Cuando la batalla ha cesado, caemos en picado por un tobogán de pesadilla que nos ensaliva, nos gastrifica, nos absorbe la energía. Éramos aceite, arroz, nata, queso parmesano, pimiento rojo, puerro, berenjena y zanahoria a la vez.
Al otro lado, allá afuera, la piel suda, los músculos abdominales se ensanchan por la comilona dominguera de verano. El lino del vestido floreado de Antonia parece adherirse a su cuerpo. Ella se siente incomodada. Disimuladamente, palpa con sus dedos dentro de su bolso blanco. La funda de las gafas de sol, la cartera, el lápiz de labios, las llaves de casa, ah si, ahi está el espejito. Lo agarra cuidadosamente con sus manos acaloradas. Lo abre. Frente a ella, una mujer de unos cuarenta, de piel morena de cala ibicenca, con ojos celestes como el mar balear, nariz respingona de clase media y lunar seductor cerca de la comisura de sus labios. Antonia los mira. No tienen tintes de comida. Sonríe aprovechando que Ana ha contado una graciosa anécdota de su viaje a Tailandia. Perfecto: ni un rastro de alimentos entre sus dientes.
Tras un movimiento fortuito de su mano, el espejo desvía su reflejo hacia la explanada que queda a espaldas de Antonia, detrás del restaurante. De un deportivo rojo baja su marido. También la conductora, una morena despampanante que tras estirar sus interminables piernas se acerca al esposo de Antonia y lo besa. En ese instante, una gaviota que rastreaba el tejado de uralita del chiringuito en busca de alimentos inicia su vuelo. Sobrepasa a la pareja de amantes y a su coche y se aleja de la costa. Cruza varios palmerales, huertos secos, y divisa rápidamente el campanario de la iglesia, a lo lejos. San Rafael parece un pesebre a esas alturas. Como una maqueta de casitas blancas con techo plano, a veces con terrado. El sol, ya vago, se va acercando al horizonte. Con calma. El cielo es como la acuarela anaranjada de un escolar. Un olor llega súbitamente. La fritanga que Juana Terroba cocina para la cena en honor de su cincuenta aniversario. La gaviota sigue el perfume como un perro. Y aterriza en picado en la ventana de la cocina. Su llegada espanta a una paloma aburrida que paseaba por el jardín de la casa. Echa a volar, y recorre el mismo camino que la gaviota, de vuelta. Al posarse sobre el techo de uralita, que todavía quema debido al sol de mediodía, ve a una mujer gritar nerviosa. La gaviota que la ha sustituido en su visita al pueblo había dejado antes de marcharse un regalito sobre el Porsche nuevo de esa modelo.
A pocos metros, un espejito doble se cierra como una claqueta en las manos de Antonia. -Jódete.
Más vale tarde que nunca.
Su Majestad
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...y para que no se diga que nos ha abandonado el espíritu autobombástico más genuino, aquí va un artículo de Marta Polbín (firmado bajo seudónimo, of cours) que aparece hoy en la revista Rinconete del Instituto Cervantes, inaugurando una serie sobre inventos españoles...
Definitivamente, la Polbina se ha vendido al capital y al autobombismo más carpetovetónico.
Que le lluevan los palos que se merece.
(La autora quiere agradecer la colaboración explícita para la escritura de este artículo a dos miembros fundadores del Colectivo Autobombo: Leli Vorratxes, a quien le debe una frase y una traducción del chino; y a El Sargento Pioje, que le dio la idea de la siesta...)
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11:56
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Desde lo alto vemos a la vasta Marina, despuntan pequeños puntos lechosos a la altura de las caderas y el promontorio negro de donde arrancan sus piernas, Marina callada bate con su mano hasta que hace emerger un rumor que no cesa, ella es corriente, ella es constante movimiento, embiste y ensancha la bahía, no puede permanecer quieta, es un milagro que calle. Si nos acercamos un poco Marina se convierte en mar, perdemos el navío, nos volvemos locos en un mar manicomio, buscamos otras estelas pero el batir de las manos de ella lo desbaratan todo, es un numero circense que no permanece, de pronto Marina es antigua, apenas 19 años, una puta vieja de crestas vigorosas y agua clara, la manera de su mar sobrepasa el concepto de edad, incapaces de fijarla nos unimos a sus sonidos, lejos del puerto seguro, lejos de los movimientos endebles del navío, Marina es firme a pesar del batir, donde uno se posa no hay miedo, Marina es firme, Marina hace perder la noción del desastre, el destino está hundido dentro de ella, la lucha está hundida dentro de ella, la violencia el amor y los golpes son inevitables, Marina es la destrucción y es el cielo y es la vida, nos sentimos pequeños dioses pensando que hay algo que no escapa que hay algo que podemos manejar, después empequeñecemos al ser engullidos por Marina, sus pechos cálidos quedan lejos bajo nuestras cabezas, Marina nos engulle, lo repentino se ha convertido en una tardanza súbita, Marina es nuestra muerte, Marina nos succiona desde todos nuestros poros, somos pequeños dioses empequeñeciendo, estamos dentro de un mar que roba nuestra humedad, nos convertimos en humedad...si nos acercamos un poco mas somos perdida, vemos que estamos vacios, que ahora somos pequeños puntos lechosos y que en adelante habitaremos en Marina como recuerdos sobre olas reclamando el espacio que los pequeños dioses abandonaron.
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Desde lo alto vemos una vasta extensión marina en la cual despuntan pequeños destellos de espuma blanca, cicatrices de un mar callado cuyo rumor no cesa. Unas olas chocan contra otras y de ellas nace una nueva fuerza que empuja de nuevo otra porción de masa marina. Se crean corrientes y mareas; y el mar, en constante movimiento, embiste los acantilados y ensancha las bahías. Nada puede permanecer quieto, ni callado.
Si ahora nos acercamos un poco perdemos la mirada genérica pero vemos un navío. Nuestro patrón es un ser perdido, un vagabundo, navegante que busca la estela de otros barcos para no perder su rumbo, para entender el mar desde unos circos que jamás permanecen y que jamás cesan. Tiene ahora unos dos mil novecientos años y sin embargo su pecho es vigoroso y su mirada clara. Con la vista en alto, incapaz de fijarla en un punto conciso, recuerda el sonido de olas antiguas, compañeras fieles de su viaje por cuyo envite nunca detiene el bajel ni echa ancla que no le permita ladearse a la deriva. Tiempos ha habido más calmos cuando en un puerto podía permanecer seguro, pero siempre algo, una marea, un oleaje imprevisto le arrollaba el áncora y le llevaba de nuevo a mar abierto. Esos espacios calmos, en los que se entretenía, dejándose mecer suavemente por las leves olas que débilmente giraban el navío, esos remansos tranquilos en los que sentía el mar como suelo firme que uno pisa sin miedo a terremotos o desprendimientos, esos tiempos pasaron, cuando uno sabía cuál era su destino, el destino de un pueblo, y la lucha era sólo un modo de vida, cuando el mañana era suyo y la vida se arrojaba a las fauces de la Fortuna sin más deseo que ser gota de sangre en ese mar inmenso. Y entonces la violencia y el amor eran inevitables y el mundo tenía las respuestas que uno jamás buscaba porque las encontraba en el afuera, en la lucha y en el pueblo. Era el tiempo en que los dioses eran próximos y uno mismo era inconfundible. Después los dioses empequeñecieron y fueron a esconderse en las entrañas de los hombres, entonces los barcos se tornaron navíos de guerra, o solitarios veleros que surcaban el mar en busca de aventura, alguno había que sólo deseaba llegar a tierra dónde esperaba encontrar el resguardo de un pecho cálido. Hubo una vez un barco que surcó todos los mares guiado por un marine loco. Y hubo una época en la que sólo se pudo cantar el horror; y en el que la desesperanza y el descrédito lo cubrían todo. Alguno pronosticó que el mar se secaría, que ya no sería navegable y los marineros quedarían varados, aterrorizados por lo que sucedía en tierra. Pero ahora, si nos acercamos un poco más, ya no con la vista, al interior del patrón, vemos que está vacío, no lo habita un ser sino sólo recuerdos de olas y voces que chocan reclamando el espacio que los pequeños dioses abandonaron.
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Negro. Poco a poco vemos como el color sólido se divide en agrestes líneas, como en un grabado para el que el hierro se ha rasgado de manera tosca e irregular. Las líneas negras, que lenta pero irremisiblemente, oscilan cada vez más rápido, contrastan con un fondo blanco poco nítido, en cuyo centro aparecen los círculos concéntricos de, ahora sabemos, un iris gris y una pupila. Abre los ojos.
Ese sueño de nuevo. Es capital, por ello, que lo tomemos en cuenta. Un submarino, la falta de aire, personajes conocidos pero sin conexión aparente entre ellos mezclados con otros, desconocidos. Del mismo modo, y como en otras ocasiones, su despertar había sido parcial, al descubrir con los primeros atisbos de conciencia diurna su brazo derecho entumecido, falto del suficiente riego sanguíneo al haberse quedado oprimido bajo la almohada: ¿cómo tendría que influir la lenta recuperación de ese brazo en el desarrollarse del día, en el vigor de su mano al, más tarde, tomar pluma y encarar el papel?
Su gato decidió ignorar, como era habitual, que la mañana había llegado y siguió acurrucado en su rincón de la cocina. Qué felicidad la suya, pensó, que podía seguir durmiendo arrullado por el sonido de esta cafetera que ahora empezaba a burbujear. Los vecinos, puntuales como un reloj, llegaban a través de las finas paredes con su matutino concierto de portazos, gritos de niños y correrías. Se decidió por el traje beige, acaso porque anticipó que su editor lo recibiría vestido con uno de sus siempre oscuros y carísimos trajes italianos impolutos frente a los cuales era imposible no sentir su pobreza, fresca y siempre nueva, presente como invitado de piedra en la entrevista
Así salió a la calle, y se encaminó hacia la calle principal, donde su amigo alquilaba una sencilla habitación. Era siempre un buen lugar para tomar un segundo café y hablar de libros, de política, de fútbol o mujeres. Acaso para ser sorprendido por cualquiera de esas imprevistas visitas que los múltiples conocidos de su amigo le hacían sin avisar. Aparecían así extranjeros mezclados con cantantes, botellas de ron y pastelitos dulces, niñas con uniforme de escuela cara de la mano de bohemios poetas con hambre atrasada. Se discutían noticias de provincias, de países remotos. Se escuchaban con atención discos nuevos y acaso extraños para luego pasar a cantar una canción popular o un corte de moda. Sin duda entre esas paredes nuestro autor encontró a menudo inspiración, ideas para personajes, grandes y ambiciosas ideas para escribir, un día, la novela que reflejaría el frenesí de su tiempo y las emociones de sus habitantes.
Al salir de casa de su amigo, como tantos otros días, se detuvo una hora en la biblioteca de la ciudad, en la que leyó los periódicos y algún que otro semanario. Se mantenía este autor al día de la política y de las ideas que circulaban en el mundo, ya fueran las del arte, las de la ciencia, o las de la moda. Era, como se puede apreciar, un hombre bien asentado en su tiempo histórico, y cualquier historia de la literatura que se precie hará bien en conectar su obra con el devenir de los acontecimientos de su época.
Mientras se encaminaba, finalmente, a la gran avenida donde su editor tenía su oficina, se cruzó con un viejo conocido que había llegado recientemente a la ciudad desde el pequeño pueblo del cual los dos procedían. Mientras el otro lo ponía al día sobre familia, trabajo, y sus dificultades en sus primeros movimientos en la ciudad, nuestro autor no pudo ver como, por la otra acera, pasaba caminando la mujer de la que estaba enamorado. Nosotros lo vemos porque nos elevamos ahora por encima de las calles, y como un pájaro, por ejemplo una de esas gaviotas que sobrevuelan esta ciudad costera en su rutina carroñera, tenemos una perspectiva más amplia. Así vemos a una joven mujer que camina cabizbaja meditando la carta que más tarde le va a enviar a nuestro autor y en la cual lo va a despechar, lo que naturalmente va a ser causa significativa de la amargura con la que la siguiente parte de su obra va a estar impregnada.
Si ahora, siguiendo quizá el vuelo de la gaviota, nos posamos en la aguja de esta iglesia, tenemos una visión privilegiada de la ciudad. Vemos, allá abajo, a nuestro autor siguiendo su camino, parando en un semáforo y girar a la derecha, hacia esa gran avenida que cruza el centro de la ciudad con señorial majestad, esta vía regia que conserva aún los restos de la gloria de antaño, esa pomposidad en su trazado, balaustradas y remates que evocan victorias militares, progreso en las artes y las ciencias, y el convencimiento en la superioridad de su civilización, todos rasgos que, de forma directa o indirecta, con inconsciente adhesión o negociado rechazo, nuestro autor ha incorporado a su obra más insigne. Y es que es esta ciudad capital de una nación entre naciones, un heraldo de las artes que en el pasado tuvo que combatir por tierras y honra con sus vecinos, esas tierras que se extienden más allá de estas montañas, ríos y mares que ahora, desde nuestra atalaya atmosférica, podemos contemplar en toda su uniformidad geográfica, y es que aunque los niños-y algunos no tan niños-lo piensen así, entre países no hay línea alguna como en los mapas, ni colores distintos separan los territorios que pueblan la corteza de la tierra, ese orbe que aún gira, imperceptiblemente pero sin detenerse, desde que el enfriamiento de una explosión de anti-materia cohesionara masas de carbono, hidrógeno y oxígeno para crear este planeta azul que vemos desde nuestra órbita, un azul sólido que a ratos se divide en las agrestes líneas de los cirros vaporosos, como en un grabado para el que el hierro se ha rasgado de manera tosca e irregular.
-leli
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