domingo, 24 de junio de 2007


Capítulo 1

Tigre corregido


Seguimos los pasos de un universitario chino que estudiaba español en la Universidad de Beijing. Tras su tercer curso, y habiendo alcanzado un nivel de español más que aceptable, solicitó una beca para estudiar en la Complutense de Madrid. Fue aceptado. Cuando llegó a España empezó a convertirse en un tigre. Muy lentamente, primero sólo unas ligeras manchas en la piel que los médicos achacaron al cambio de agua y la ausencia de soja en la dieta española. Después, un anormal crecimiento de incisivos y uñas, de bigotes enhiestos, de vello en brazos y piernas. Por último, el cuadrupedismo, el cambio de la voz por los rugidos y el canibalismo. Extrañamente, nadie parecía percibir esos cambioss, y al miedo del estudiante siguió la frustración de no poder compartir sus nuevas peculiaridades con nadie. Finalmente, harto de la incomprensión de los demás y añorando su entorno, el estudiante volvió a China, donde nada más bajarse del avión lo metieron en una jaula y lo llevaron al zoo de Pekín. Allí fue admirado y temido como un magnífico ejemplar de tigre asiático, también llamado tigre de Manchuria o siberiano.

3 comentarios:

El ogro del si dijo...

Espero que a Tigre no le hayan metido en el trullo pekinés por reaccionario y esto no sea una alegoría de su vida. El chaval me da penilla. Por cierto falta una [s]en una palabra. A ver si averiguas dónde.

Marta Polbín (con b, coño) dijo...

Así me gusta, camaradas, que estemos al quite. Parece que allí donde faltó, ahora se excede. Pero ya se sabe que más vale que sobre que no que no falte... ¡Vivan los cambioss!

Anónimo dijo...

Capítulo 1.1

Intentando asimilar su nueva condición felina pasó semanas enteras. Descubrió, sin embargo, nuevas cualidades no animales. Una tarde sintiéndose escrutado por visitantes, que le admiraban en todo su esplendor enjaulado, empezó a vislumbrar telequinésicas aptitudes que le permitían desplazar a su antojo pensamientos de un merodeador a otro, conllevando un incipiente caos. Es conocido el caso de Xan Nin Ho que jamás entendió cómo a partir de aquella visita al zoo de Pequín una de sus prioridades había pasado a ser mirar con otros ojos...

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