La rana que quería ser feliz
(versión libre de la rana, por pere rovira)
Tranquilamente, caminaba ella por el paseo, faldas en ligero pero suficiente contoneo. Mirada alta pero suficientemente ligera para poder posarse sobre lo que atrayera su atención. Entonces, y para abreviar, se volvió hacia la rana, y la rana le dijo:
- ¡Cuidado! Casi me pisas.
- ¿Y tú de dónde sales? - contestó sorprendida ella.
- Soy un príncipe. Es decir, era un príncipe. Quise abdicar y me convirtieron en rana.
- ¡Quiero besarte!
- Te lo agradezco, pero aunque al principio pasé una depresión de caballo, he llegado a la conclusión de que prefiero ser rana que príncipe.
- ¿Por qué? Podríamos vivir juntos, tendríamos dinero, hijos, seríamos felices. ¿Acaso no te gusto?
- Eres guapilla, sí. Pero no eres tú el problema. Me gusta ser rana. Soy feliz croando. Soy feliz en la charca. Soy feliz escondiéndome de los muchachos y evitando que chiquillas como tú me aplasten con sus afilados tacones.
Y, contoneando ligeramente sus faldas y sus dudas, ella siguió caminando. Al poco, sin embargo, se dio la vuelta. Algo no cuadraba. Buscó a la rana. La apresó violentamente. La besó a la fuerza.
-A mí nadie me dice que no. Y menos una rana, imbécil.
Y ahora sí, tranquilamente, siguió caminando en dirección a Atocha, sin ni siquiera esperar a la transformación de la rana en príncipe.
Como la vida misma.