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miércoles, 15 de julio de 2009

La rana que quería ser feliz

(versión libre de la rana, por pere rovira)

Tranquilamente, caminaba ella por el paseo, faldas en ligero pero suficiente contoneo. Mirada alta pero suficientemente ligera para poder posarse sobre lo que atrayera su atención. Entonces, y para abreviar, se volvió hacia la rana, y la rana le dijo:

- ¡Cuidado! Casi me pisas.
- ¿Y tú de dónde sales? - contestó sorprendida ella.
- Soy un príncipe. Es decir, era un príncipe. Quise abdicar y me convirtieron en rana.
- ¡Quiero besarte!
- Te lo agradezco, pero aunque al principio pasé una depresión de caballo, he llegado a la conclusión de que prefiero ser rana que príncipe.
- ¿Por qué? Podríamos vivir juntos, tendríamos dinero, hijos, seríamos felices. ¿Acaso no te gusto?
- Eres guapilla, sí. Pero no eres tú el problema. Me gusta ser rana. Soy feliz croando. Soy feliz en la charca. Soy feliz escondiéndome de los muchachos y evitando que chiquillas como tú me aplasten con sus afilados tacones.

Y, contoneando ligeramente sus faldas y sus dudas, ella siguió caminando. Al poco, sin embargo, se dio la vuelta. Algo no cuadraba. Buscó a la rana. La apresó violentamente. La besó a la fuerza.

-A mí nadie me dice que no. Y menos una rana, imbécil.

Y ahora sí, tranquilamente, siguió caminando en dirección a Atocha, sin ni siquiera esperar a la transformación de la rana en príncipe.

Como la vida misma.

jueves, 2 de julio de 2009

Séptima versión: homage Burrotibus

Paseaba ella, de paramentos ligeros y contoneantes. Sus ojos paralelos vieron un anfibio paranormal que le hablaba en paradojas:
-Una vida con paracaídas no es vida sino parodia. Cambia el paradigma y bésame, te prometo el paraíso.
Ella, al borde de la paranoia, decidió alejarse del anfibio y subir a un tren en la parada de Atocha. Su recorrido trazó una parábola por vivencias sin parangón y paradores de turismo: leyó a Paracelso, atravesó páramos, navegó el Paraná en Paraguay, fue parásita y parada, necesitó de parasol y paraguas: una vida sin paralipsis. Entre tanta paranomasia no recordó a la rana paralizadora.

viernes, 19 de junio de 2009

El realismo transformado

Cuarta versión, by Marta Polbín

[Esta es una versión que pongo a la venta, por si se acerca la fecha límite -recordemos que es el 15 de julio- y alguien quiere comprar favores... El precio lo pondremos entre todos los que hayamos publicado, por supuesto, y lo compartiremos como miembros que somos del Colectivo más colectivizador que se colectivice.]

Tranquilamente, caminaba ella por el pastiche, la fantasía en ligero pero suficiente contrapunto. Misterio alto pero suficientemente ligero para poder posarse sobre lo que atrajera a su autor. Entonces, y para abreviar, se volvió hacia el realismo, y el realismo le dijo:
–Bésame, que soy un privilegio.
–Y eso?
–Soy un privilegio, forrao, pero me han convertido en realismo, ya sabes, los manieristas. Pero si me besas se rompe el hemistiquio, yo me convierto en un burlesco versículo, nos casamos y vivimos de quinésica maravillosa.
–No sé…
–Créeme: tras esta apostilla nauseabunda hay un receptor luminoso. Si vences tus prolepsis serás feliz.
–No sé, no sé…
Y tranquilamente, contoneando ligeramente sus fantasías y sus églogas, ella siguió caminando. Abandonó la ciencia-ficción, tomó un tropo en Atocha, se fue a Marsella, conoció a un pleonasmo loco pero muy divertido, lo abandonó para trabajar para una institución literaria, se cansó y se fue a Camerún a colaborar con un humanista. Más tarde, abrió una circunlocución en Formentera, pasó la versificación de su vodevil con dos jocosos con los que se lo hacía a la vez en el poema. Compró artículos. Aprendió a cocinar, Alaska le encantó. No, no echó de menos el realismo.

La rana transformada

Tercera versión, by Marta Polbín

Con parsimonia, caminaba la moza por la calzada, sus faldas flotando como algas marinas. La mirada alta y volátil, para posarla aquí y allá sin disimulo. Digámoslo simplificando, la moza miró a la rana y la rana habló:
–Un ósculo, por favor. Soy un futuro monarca.
–¿Cómor?
–Soy un futuro monarca, digo. Forrado hasta los colmillos… mas transformado por los malos, you know. Si consigo tu ósculo, acabará la maldición, dando paso a un macizorro trancón: podríamos casarnos y vivir como los putos amos.
–Mmm…
–Confía, anda, confía. Tras mi facha inmunda hay un futuro luminoso. Si aparcas tu obstinación, podrás lograr la dicha infinita.
–Mmm, mmm…
Y con suma parsimonia, faldas y dudas flotando al compás, la moza siguió caminando. Abandonó la charca rumbo a Atocha, subió a un convoy y viajó casi hasta Mónaco, conoció a un pintor loco y muy gracioso, lo abandonó para trabajar para una inmobiliaria, acabó harta y puso rumbo a Nkongsamba para colaborar con un hospital. Pronto cambió su morada y abrió un chiringuito con vistas a Ibiza, pasó unos días locos follando junto al mar con dos italianos (al unísono, faltaría más). Compró cuadros. Hizo cursos gastronómicos. Alaska la subyugó. No, no notó a faltar a la rana para nada.

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