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miércoles, 5 de octubre de 2011

Publicación de Fricciones

No he podido/ querido esperar a que Marta Polbín lo colgara. Que lo haga yo no es menos autobombo, porque como dice el punto 4 del decálogo: "Muéstranos lo que tienes dentro, porque si yo lo hago yo digo que es bueno y si tú lo haces yo te apoyo en ello". Yo te apoyo, te digo que es bueno, y además, te leo durante los años, las correcciones, incluso a través de una mediocres traducciones al inglés que algún día valdrán su peso en oro...También os lo cuento porque, como alguien nota en los comentarios del enlace que sigue, se trata de una de las críticas más entusiastas, en su honestidad sorprendida, en su disfrute sin cuotas, que se haya escrito últimamente. Y porque nos llena de orgullo y satisfacción que finalmente se hayan publicado las Fricciones de la Polbina, para que así todo el mundo disfrute lo que hasta la fecha solo disfrutábamos sus allegados. Y que, como el crítico en cuestión, todo el país diga ahora, como tantas veces hicimos sus lectores: "Qué cabrón el Pablo Martín Sánchez".

Primera crítica de Fricciones



(PD. de Leli-editora: me voy a repasar todos los archivos de AB, no sea que nos caiga una demanda por algún texto publicado sin permiso de la editorial, ahoracaigojoer...)

sábado, 19 de febrero de 2011

Café-obrador de literatura potencial

Vaya, parece que en La Bagatela hacen cosas interesantes… Miren lo que he encontrado (casualmente) en su blog:


El OULIPO, acrónimo de «OUvroir de LIttérature POtentielle», se propone abrir y explorar nuevas posibilidades literarias y recuperar las que hayan caído en el olvido. El grupo celebra su quincuagésimo aniversario. La Bagatela festeja el acontecimiento abriendo un provisional

Café-Obrador de literatura

Por un precio moderado, ustedes podrán, bajo la supervisión patafísica de los señores Pablo Moíño Sánchez, Pablo Martín Sánchez y François Delaunay —que tienen en común no formar parte del OULIPO—:

  • (re)descubrir los tesoros del Oulipo
  • crear sus propios textos
  • aprovecharse de las invenciones de cada cual y de las fantásticas aunque totalmente imprevistas actuaciones de los señores S.E. Yoran Luca-Deafins, Orozco Urinol Comas, M. Brice Cousin, de la deliciosa Marta Polbín ¡y de muchos más!

Pablo Moíño Sánchez quiso ser futbolista, luego matemático y acabó siendo escritor y subcampeón de toc en La Bagatela. Actualmente reside en Tirso de Molina (Madrid), donde dice que está escribiendo y traduciendo con un ojo puesto en el Oulipo. Ha ganado diversos premios de relato corto y próximamente verá la luz su primer libro, un verso en una casa enana.

Pablo Martín Sánchez quiso ser atleta, luego actor y acabó siendo escritor y profesor de ajedrez en La Bagatela. Actualmente reside en Lille (Francia), donde dice que está escribiendo una tesis sobre el Oulipo. Ha ganado diversos premios de relato corto y próximamente verá la luz su primer libro,Fricciones.

François Delaunay quiso ser domador de felinos grandes y, por ser alérgico a los gatos, acabó siendo anemometrista. Será un turista más en Madrid, un turista experimental. Acaba de firmar el cuaderno n°16 del LATOUREX, una guía de los viajes monovocálicos. No ha ganado ningún premio de relato corto pero sí que comparte con el Oulipo la totalidad de sus vocales.

Viernes 4 de marzo, de 20h a 23h59
Sábado 5 de marzo, de 15h a 19h
Domingo 6 de marzo, de 12h a 16h

Si te apetece reservar puedes hacerlo en vivalabagatela@gmail.com
¡Que la casa es pequeña y el culo grande!

Participación: 20 € (y 15 € para los socios), incluye material.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Más rinconetes

El anagrama de Marta Polbín sigue haciendo de las suyas... Aquí van sus dos últimos rinconetes:

Inventos españoles (3): el chupa-chup
Inventos españoles (4): la greguería

Pregunta: ¿es el autobombismo un invento español?


jueves, 25 de marzo de 2010

...y para que no se diga que nos ha abandonado el espíritu autobombástico más genuino, aquí va un artículo de Marta Polbín (firmado bajo seudónimo, of cours) que aparece hoy en la revista Rinconete del Instituto Cervantes, inaugurando una serie sobre inventos españoles...
Definitivamente, la Polbina se ha vendido al capital y al autobombismo más carpetovetónico.
Que le lluevan los palos que se merece.

(La autora quiere agradecer la colaboración explícita para la escritura de este artículo a dos miembros fundadores del Colectivo Autobombo: Leli Vorratxes, a quien le debe una frase y una traducción del chino; y a El Sargento Pioje, que le dio la idea de la siesta...)

lunes, 1 de marzo de 2010

Dar patadas para no desaparecer

Acabo de llegar a casa, pasada la medianoche, y sigo en estado de shock.

Hoy estuve en Aranjuez, viendo el espectáculo del Colectivo 96º titulado como este post.

Ya me perdonarán mis amigos del alma Àlex Brull y Vice Miralles, Banquo y Malcolm respectivamente en el Macbeth que vi ayer en Alcorcón (sí, miembros y miembras, últimamente me dedico al turismo cultural autonómico).

Ya me perdonarán Tom Stoppard, Àlex Rigola y toda su troupe de buenos actores a quienes el jueves vi estrenar Rock'n'Roll en el Matadero.

Pero Dar patadas para no desaparecer es otra cosa. Es la cosa. Es el motivo por el que un día yo quise hacer teatro. Y sólo muy de tanto en tanto espectáculos como éste consiguen hacer que no lo olvide.

Así que Rotura: déjate de Angélicas y vete a ver lo que es bueno. Por cierto, entre el público de Aranjuez estaba una de las actrices de Perro muerto en tintorería. Supongo que habría ido allí para tomar nota.

Y para no ponerme trascendental, aquí van un par de fotos de Argentina que espero os saquen alguna sonrisa.

Pero no os equivoquéis: yo aquí he venido a hablar del Colectivo 96º y de Dar patadas para no desaparecer.







Marta Polbín.

domingo, 14 de febrero de 2010

Acertijo lingüístico para salir del ostracismo

Venga, autobombásticos y autobombásticas, ¿qué nos está pasando en este mes de febrero?
Aunque sólo sea para romper el hielo, ahí va un acertijo ludolingüístico:
¿Cuál es la única palabra española (mientras no se demuestre lo contrario) en la que la conjunción de dos eles (-ll-) no se pronuncia como elle (ll), sino como dos eles (l-l)?
Marta Polbín

jueves, 24 de septiembre de 2009

Acknowledgments polbinescos

Estimados miembros y miembras del Colectivo:
Me llena de alegría y satisfacción saber que mientras yo defendía a capa y espada los cimientos del oulipismo autobombástico, el Colectivo Autobombo me daba su apoyo desde este espacio que resiste contra viento y marea.
Ante ello, solo puedo confesaros algunos datos relativos a la tesina:
- en la p. 63 aparece la palabra "autobombo".
- en la p. 127 aparece citada, en otro nuevo ejemplo de autobombismo, "Marta Polbín".
- en la p. 75 he conseguido colar la palabra "gilipollas" (porque me apetecía, qué coño).
- y en las pp. 38 y 106 se menciona a un tal Alberto Caturla.
Por otro lado, y aunque no salgan citados de forma explícita, quiero dar las gracias específicamente al miembro Pere Rovira (por pasarme artículos sobre el hipertexto en el último momento, el muy cabronazo), a El Ogro del Sí y la Zorra Alevín (por haberme pasado también un excelente trabajo sobre el hipertexto... que nunca leí, jeje) y a El Sargento Pioje, a Leli Vorratxes y a El Sapo Treze por su apoyo incondicional.
Por supuesto, hago extensivo el agradecimiento y el abrazo a todos los miembros del Colectivo Autobombo, pues suyo es también, indudablemente, este trabajo. Siempre vuestra,
Marta Polbín, magíster.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Mañana es un gran día para el autobombismo

Y así lo celebramos por anticipación, y le deseamos todo el éxito (que es el nuestro) a la compañera Polbín en su defensa de tesina sobre el Oulipo y el hipertexto.

sábado, 5 de julio de 2008

Pepe Enroque, comentarista deportivo (crónica desempolvada)

El inicio del verano es época de cambios en el armario, guardamos la ropa de invierno y sacamos con regocijo las frescas telas veraniegas. Y entre tanto meter y sacar, uno acaba desempolvando prendas que ya tenía olvidadas. Así que, envalentonado por los ánimos capciosos de Anica Ratt, he aquí mi humilde contribución a esa salida masiva y desacomplejada del armario que estamos llevando a cabo con nuestras crónicas deportivas: un vaporoso suéter que tejí hará cinco o seis años y que ahora saco del armario con su inevitable olor a naftalina... (Siento repetir deporte, pero es lo que hay, camaradas.) M. P.

“Buenos y buenas tardes señoras y señorees… Amantes y amantaas de este paradójico deporte que sólo produce agujetaas en las neuronas… Les habla Pepe Enroquee, desde Radio Nacional de Españaa. Hoy, para todos ustedees, la gran final del campeonato mundial de ajedrez que enfrenta al ruso Vladimir Crapulentov contra el kazajstaní Anatoli Dudov. Dos de los más excelsos ajedrecistas de los últimos años, sin duda alguna… En breves instantes, la gran final: Crapulentov con piezas blancas; Dudov, con las negras. Los dos contrincantes se miran, se observan, se escudriñan. Por fin se dan la manoo. Crapulentov, cortésmente, le desea suerte a su rival: “Iob tvaiu mat”[1]. Y empieza la partidaa… Crapulentov agarra con fuerza el peón de rey y lo avanza dos casillas… descargándolo con tal fuerza que todas las demás piezas se ponen a temblar… Dudov, acongojado, no se atreve ni a respirar. Es su turno, pero no mueve. ¿Tan difícil es la primera jugada? No se puede dudar tanto en el primer movimiento, porque entonces se desperdicia tiempo para cuando la partida se torne más complicada. Pero no mueve: está indeciso, damas y caballeros. Pasan los minutos inexorablemente. El tiempo se agota. Cada vez queda menos… es incomprensible lo que está pasando… Dudov está petrificado, unos segundos más y habrá perdido la final mundial sin haber movido ni una sola ficha… esto es alucinante… En cincuenta años que llevo retransmitiendo este deporte nunca jamás me había encontrado con nada semejante… Finalmente Dudov levanta la mano… por fin, quedan tan sólo diez segundos para que caiga la bandera… parece que va a mover su peón de reey… ¡pero no! ¡¡Señores y señoras!! Acaba de coger su rey y… ¡¡¡lo derriba!!! ¡Lo nunca visto, acaba de rendirse en la primera jugada! Realmente, Anatoli Dudov es asombroso, nunca había visto una mente tan impresionante… Sin duda acaba de ganarse un sitio de honor en el pabellón de los más grandes jugadores de ajedrez de todos los tiempos… Su mente es tan prodigiosa que ha podido calcular todas las jugadas que seguirían con total seguridad al primer movimiento de su rival y al ver que perdería ha tenido la dignidad de rendirse y pasar de este modo a la posteridaad… ¡Impresionante, damas y caballeros, la partida que acabamos de presenciar! Hasta la próxima semana, Pepe Enroquee, en Radio Nacional de Españaaa…”

Al sacar el suéter, he visto que en el fondo del cajón había un cinturón con forma de cita. Decía: “El ejercicio físico desarrolla los músculos. Pero el culturismo hipertrofia una parte del cuerpo en detrimento del todo. Y los ajedrecistas son culturistas de la mente. Por eso jugar bien al ajedrez suele ser un signo de inteligencia, mientras que jugar muy bien suele ser un signo de estupidez”, Carlo Frabetti.


[1] Si no recuerdo mal, se trata de una frese rusa que saqué de un cuento de Slawomir Mrozek y que significa, más o menos, “que se follen a tu madre”. (Si hay algún Freixa suelto por ahí que pueda corroborar esto, le agradeceríamos que se pronunciase.)

viernes, 21 de septiembre de 2007

Algo que decir, por Marta Polbín

[A pesar de la avalancha de material publicado últimamente -de una calidad y un gracejo incuestionables, todo hay que decirlo-, no podemos olvidar el compromiso con nuestra ruleta hebdomadaria, y (puesto que la camarada Lenin ha cometido prevaricación y ha roto el círculo virtuoso) con este texto iniciamos la segunda vuelta de esta sección (sería recomendable que en caso de incorporarse nuevos miembros los fuéramos añadiendo a ese camaleónico perfil que ya no hay quien entienda...) ¿Algún candidato para la semana que viene? ¿Alguna propuesta de castigo para la camarada Lenin? Yo, por mi parte, sugiero mano dura con ella...]

“Hay algo de exultante y de aterrador a la vez en la idea de que nada en el mundo sea tan único como para no poder entrar en una lista”, dejó escrito Georges Perec. Aunque sea en una lista tan disparatada y ecléctica como la que propone Borges en “El idioma analítico de John Wilkins”, se podría añadir. Perec y Borges de la mano: dos ejemplos nada casuales, pues el primero trabajó como archivador en el Centre National de Recherches Scientifiques (CNRS) hasta que ganó el Médicis con La vida instrucciones de uso, y como bibliotecario lo hizo el argentino hasta que se quedó ciego, dos oficios muy dados a las listas y a las clasificaciones. Y es que, ciertamente, somos animales taxonómicos por definición. Nos encanta clasificar, fichar, ordenar, compartimentar, incluir, descartar. Ya no recuerdo quién me dijo un día que la humanidad está dividida en dos clases de individuos: los voyeurs y los exhibicionistas, que se complementan a la perfección y hacen avanzar el mundo. Otro añadió un tercer elemento a la división binaria y afirmó que el mundo estaba dividido en tres tipos de personas: las que les gusta el fútbol, las que lo odian a muerte y las que les importa un pepino. Luego hay algunas teorías aún más excéntricas, como la del Burrot Català (o de un amigo de un amigo de un amigo de), que afirma que todos los seres humanos son susceptibles de ser asimilados a tres tipos de animales: pájaros, perros y tortugas. Sólo recuerdo el ejemplo para el tercer grupo: Saramago es el prototipo de tortuga.

Pues bien, el terreno de la escritura tampoco parece libre de la fascinación por las taxonomías, y como no quiero ser la excepción afirmaré que existen dos tipos de escritores: los que escriben porque tienen algo que decir y los que escriben porque no tienen nada que decir. El que tiene mejor prensa es, sin duda, el primero. Sin ir más lejos, y literalizando la metáfora, el otro día leí en el periódico lo siguiente: “Cuando no se tiene qué contar, se busca la inspiración en el cómo”, dando por supuesto que el contador es alguien que tiene algo que contar y, por tanto, lo cuenta (lo cual, si lo pensamos bien, no deja en muy buen lugar al escritor, cuyo oficio se ve así reducido al de traductor o incluso transcriptor de historias: primero se componen en la mente y luego se trasladan al papel). Y quien no lo haga así corre el riesgo de ser tildado de formalista –o lo que es peor: de frívolo– y ser condenado a la lista negra (pues de listas va la cosa) de los escritores intrascendentes o experimentales.

Incluso un autor al que admiro por su manera de entender la escritura, como es Roberto Bolaño, resulta ser también de la opinión de que para escribir hay que tener algo que decir. Sin embargo, yo tiendo a preferir la postura de Eduardo Mendoza (a quien apenas he leído, valga la paradoja), quien en uno de esos cursos de verano en donde lo que menos interesa es escuchar al escritor de turno, vino a decir que él escribe precisamente porque no tiene nada que decir. Y desde que le oí afirmar aquello me apunté al carro de su proclama y no me ruborizo al declarar que yo escribo precisamente porque no tengo nada que decir. Porque si tuviera algo que decir lo diría y punto (en un bar, en una tertulia, en un programa de radio); pero si escribo es justamente para descubrir cosas que no habría podido decir si no hubiera escrito, encontrar por ahí dentro esos pensamientos o esas imágenes o esas historias que no habría conocido nunca si no me hubiese puesto a escribir. Aunque, ya puestos en plan nihilista, añadiré que tampoco creo mucho en eso del adentro, o por lo menos no acabo de saber muy bien qué significa: a ver si al final resultará que el adentro no existe y sólo existe el afuera, pues como dijo Valéry “lo más profundo es la piel”. En realidad es una postura antisolipsista: lo que está dentro de mí no existe hasta que no lo expreso. Y por eso escribo. Porque sólo se puede tener algo que decir cuando se ha dicho. Al fin y al cabo, si ya Robert Walser sabía que escribir que no se puede escribir también es escribir, decir que no se tiene nada que decir ya es estar diciendo mucho.

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