Mostrando entradas con la etiqueta zoz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta zoz. Mostrar todas las entradas

jueves, 31 de marzo de 2011


EL ARQUITRABE, SEÑORES, EL ARQUITRABE



Esta tarde he pasado un par de horas recortando secuencias en las que Chewbacca tiene diálogo para unirlas y proyectarlas en la siguiente sesión que hagamos en casa de Alfonso. Y es que sus intervenciones son tan escasas y sus diálogos tan crípticos que tengo la impresión de que sólo concatenando sus aullidos lograré descifrar el mensaje oculto. Así que si me divierto haciendo este video y finalmente lo hago, en cuanto acabe haré otro de persecuciones. Muchos trozos de persecuciones una detrás de otra evitando todas las que tengan lugar en San Francisco, no más coches dando saltitos, por favor. Supongo que esta chorrada de los videos es uno de esos gestos para evitar tomarme la vida muy en serio y me da por pensar que a mí lo que me iría, poniéndome épico, es una vida aullando y gruñendo mientras corro perseguido por una panda de desmaravillados dispuestos a darme una paliza mortal con sus garrotes de normalidad.



martes, 29 de marzo de 2011

METRO

Me contaba ayer una amiga que su compañera de trabajo le había censurado por colarse en el metro. A todos los que nos jode pagar un precio que nos parece abusivo, nos han venido alguna que otra vez con el cuento de los impuestos y que si no pagas eres un aprovechado, un insensible y a fin de cuentas un ladrón. A mí, la verdad, me parece que casi ocho euros por diez viajes es una salvajada. En cambio, los tres euros cuarenta de la tarjeta rosa que compro habitualmente me parecen razonables e incluso necesarios para mantener un servicio cuya construcción ya ha sido más que amortizada. No sé, seré codicioso o ladrón pero me toca los huevos que me sangren por un servicio que tiene un horario casi de colegio. Mucho hablar de Barcelona activa y de motivar a los emprendedores mientras bares, restaurantes y salas de cine, por mencionar algunos negocios, pierden clientes pasadas las doce. Pero no quiero olvidarme de la compañera de trabajo de mi amiga. Y es que serían necesarios tanto párrafos y retretes para satisfacer mi descomposición administrativa... No quiero olvidarme de ella porque sospecho que la gente bien pensante a los que les parece mal que te cueles en el metro eran los niños que señalaban cuando el profe preguntaba quién había sido. Esos que no se metían con el más bajito, más feo o más débil pero que se reían cuando otros lo hacían. Los temerosos, los obedientes, los chivatos que no contemplaban la posibilidad de que fuera el profesor el malo. ¿ Son esos ciudadanos, contribuyentes, los mismos que señalaban a su vecino cuando la Inquisición o los fascistas los amenazaban? Será mi condición de egoísta y de ladrón, pero creo que sí.

Los semáforos son un doble espacio de reflexión cuando se tarda mucho en cubrir una distancia. Digo, que normalmente desvío la mirada de los carteles publicitarios porque me cansan, me hieren, joder, con su rintintín. No me quejo si la vida me da pan por desplazarme en círculos. No me quejo, no.
No sé cómo me lo monto, pero consigo hacer de la vida algo benévolo. Y ésto es muy corto, demasiado corto para existir, pero qué más da.

Desenfrenado

Empieza otro día soluble. Subido a una bicicleta, resoyando a ratos, tendré tiempo de avergonzarme de las letras que no escribo cuando me entrego, perro sumiso, a una pereza que ya no necesita calzarse las botas o depilarse, que fastidio, para calzarse ese buzo de vinilo. Le basta con el pijama y la bata dos tallas más grandes para recordarme que soy un fastidio y que como escribió Blake: el que desea y no engendra: podredumbre.

Desentrenado, plano sobre las superficies, esperando a que los leds cambien de sitio y de color y tal vez un motorista se salte un semáforo animado por una ambulancia que lo empuje debajo de un autobús escolar que se eleve al fin por encima de nuestras cabezas y parezca que algo va a cambiar cuando todos detengan sus motores y decidan que ese día y el día siguiente y el siguiente no van a ir a trabajar.

Tengo la seguridad y la tranquilidad de que nadie va a pagar estas facturas que se acumulan a la espera de cierre de suministro. Si es que parece que tengo otras prioridades, otros caprichos, cuando decido substituir la tranquilidad y la seguridad de un recibo pagado por la compañía borracha de esos espejos retorcidos que son los amigos.

Ya ves, desentrenado.

lunes, 24 de enero de 2011

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.