Aunque como se sabe, el año autobombástico finaliza de aquí a un par de semanas, en la calçotada.
Para celebrar el fin de año administrativo, anunciamos que YA TENEMOS DOMINIO:
COLECTIVOAUTOBOMBO.ES


cuando una conversación
no pudo evitar hacer entrada por mis oìdos.
Llegaba la voz nìtida de una mujer madura y vejada
y otra ininteligible de un hombre avanzado en edad
(¿què significarà ser de edad avanzada?).
-A mì lo que me gusta es degollar, a veces me siento floja,
pero sè lo que he de hacer, aunque tambièn investigue…
Me pareciò entender…
Lena Olin, en LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER, nos dió una lección de la erótica del bombín. Recordémoslo hoy.

Una densa columna de humo
tupida como las barbas de un abuelo
hace pasos en el aire difuminando la claridad allà a lo lejos.
.
la ùltima, por poco tiempo, baterìa textual de Franja Reza, aquì
"Apostados como silenciosos centinelas alrededor de toda la ciudad, hay millaresUna densa columna de humo dio paso al difuminarse a un hociquillo rosáceo que olisqueó tímidamente su alrededor.
y millares de seres mortales absortos en ensueños oceánicos"Moby Dick, Herman Melville







Vocación (cuestión de genes).
(S. Pioje)
Al cabo de pocos días, con alborozo manifiesto, guardó en su bolsillo un bono de tren a medio usar que estaba en el suelo de Passeig de Gràcia. Los datos obliterados en el billete no eran más que el monótono y laboral trayecto a Sant Just Desvern, de Adam, un mediocre de poca monta que trabajaba en una angosta oficina y que había conseguido que pusieran a su disposición, de una vez, una anacrónica y sucia computadora. Pero Eva ese día, en cambio, había viajado porque su amiga Matilda le había invitado en su finca de Vilanova, a charlar sobre teología, tomando té original con pastas sicilianas.
A la mañana siguiente, fue una bolsa de plástico, aparentemente normal, lo que le llamó la atención (y que recogió). Contenía todo tipo de maravillas: personalidades selectas, aventuras geográficas y pasionales y lindos desencuentros, óperas en el Liceu, cartas nunca recibidas y hasta helados de

Así fue cómo Adam, decidido, agarró la pluma y el bloc, y abriéndose éste caprichosamente dejó caer un improvisado punto de libro agonizante. Adam observó la lenta y blanca caída desde el 'hoy/mañana'. La hoja se posó en el suelo de tal manera que el flexo del escritorio le dejó ver con claridad la ausencia de nervaduras, la ausencia de líneas en sus propias manos.

"[...] ¿ Terremotos en Japón, hambrunas en China, revoluciones en México? No hay por qué preocuparse, la leche estará en el umbral de la puerta mañana temprano y el New Statesman saldrá el viernes. Las ciudades industriales, una mancha de humo y miseria oculta por la curva de la superficie terrestre, quedaban lejos. Allí, en el sur, Inglaterra seguía siendo la que había conocido en mi infancia: las zanjas de las vías del ferrocarril cubiertas de flores silvestres, las onduladas praderas donde grandes y relucientes caballos pastan y meditan, los lentos arroyuelos bordeados de sauces, los pechos verdes de los olmos, las espuelas de caballero en los jardines de las casas de campo; luego la serena e inmensa paz de los alrededores londinenses, las barcazas en el río fangoso, las calles familiares, los carteles anunciando partidos de críquet y bodas reales, los hombres con bombín, las palomas en la Plaza de Trafalgar, los autobuses rojos, los policías azules... todos durmiendo el sueño muy profundo de Inglaterra, del cual muchas veces me temo que no despertaremos hasta que no nos arranque del mismo el estrétipo de las bombas."
[fragmento de Homenaje a Cataluña, de G. Orwell]







Ahora me parecen repugnantes, aunque de hecho su asquerosidad sigue resultándome algo entrañable. De pequeña, sin embargo, había pataleado ante mi padre para que me dejara acoger a un par en la caja de unos zapatos recién estrenados, una especie de mocasines ridículos con dos lacitos de princesa. Era su ojito derecho, por lo que fue fácil convencerle. Incluso lo imagino todavía subido a una rama, arriesgando la integridad de sus huesos por unas cuantas hojas de morera. Alimentar a esos bichos despreciables era como darme de comer de su mano, hacer de papá valiente que lo da todo por su niña y sus gusanos. Ahora empiezo a comprenderlo.
Recuerdo mi desazón cuando maté a Gusano el primer día, cuando dejé volar mi violencia y las tijeras de cocina de mi madre. No entendía cómo mi voluntad mesiánica se había convertido en asesina en un segundo, en el simple acto de agujerear una tapa de cartón de lujo. Mi sonrisa invirtió su curvatura al descubrir medio cuerpo de gusano en el filo de ese metal maldito y puntiagudo. Quizás su muerte lo convierta en mariposa, tijeras negras abiertas por el viento. El ataúd de los gusanos no está hecho de madera. Cierran los ojos, como la abuela de cera, y su piel florece en otra caja más pequeña, minúscula y oscura cáscara de cacahuete. Yo te rindo el homenaje del verdugo, escondiéndote bajo una hoja que ayer pinté de azul y juntando tu cabeza y tu cola con mi goma de cabello. Cuando seas mariposa saca tu lengua de Gusano y salúdame desde el balcón.
Mis pasos me llevaron a mi esquina secreta, ese trozo de baldosa gastado por mi misterio de niña con zapatos de charol. Me dejé resbalar hasta el suelo, mi cuerpo muerto, como un gusano de seda partido por la mitad. Mi corazón latía en los puntos de sutura y mi cabeza rueda bajo un árbol tropical. Los brazos de mi padre se extienden hacia mí, como una enredadera, como una masa amorfa y rígida que se agranda sin cesar. Como una cáscara de huevo que se cierra de nuevo, como la tormenta, el negro más negro en un cubículo sin un solo gusano de luz.
Solamente Seda chisporrotea débilmente, su cuerpecito asqueroso pegado entre mi espalda y la pared.


