El pequeño Max camina por París en 1.794, gritando consignas contra la opresión. Sin embargo sus quejas no son contra la nobleza sino contra esa cansina burguesía tan amiga del trabajo, y así, a golpe de voz y desenfado, defiende la vida ociosa y despreocupada. El tumulto empieza a formarse a su alrededor, al principio son solo algunas personas de mirada furiosa, pero los ánimos se inflaman y un grupo de pescaderas que por ahí anda se lo lleva en volandas hasta la plaza y lo encaja en la guillotina. El pequeño Max piensa en el olor a pescado mientras el frío metal le corta el cuello. Pronto su cabeza será un macabro estandarte que oscila en lo alto de la pica.
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